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La reforma de la Constitución urge un pacto transversal para salir del bloqueo tras el 21-D

La reforma de la Constitución paralizada por Rajoy. El presidente engañó al socialista Pedro Sánchez y no tiene ninguna intenció de modificar la Carta Magna. Pero habrá que hacerlo con un pacto transversal

Javier Pons

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Todos nos preguntábamos cómo desharía Pedro Sánchez el ovillo de la aceptación del 155 sin lastimar más su posición en Catalunya (mala o muy mala) y complaciendo a los siempre vigilantes barones de las esencias socialistas. Se barruntaba que tras su victoria en las primarias esta era la primera prueba real de fuego para el dirigente madrileño.

Entre los populares no existe ninguna intención de abrir el melón constitucional

La decisión de apoyar al gobierno en la aplicación más light del 155 a cambio de un compromiso del señor Rajoy de ponerse en la faena de la reforma constitucional sonaba razonable como moneda de cambio que venderle al votante socialista. El desafío independentista manifestado en un desprecio al estatut y a la constitución lo hacían prácticamente inevitable y esta parecía una buena solución ante una potencial colaboración con el gobierno del PP que necesitaba al principal partido de la oposición en este viaje.

Un engaño

Pero a mitad de enero y un mes después de las elecciones está claro el panorama: Rajoy ha engañado al señor Sánchez y, por extensión, a sus votantes, rebajando desde el minuto 0 el vuelo de la flamante «comisión para la evaluación y la modernización del Estado autonómico». Ha hecho falta sólo un mes y medio para  dejar claro que el acuerdo con el PSOE era meramente instrumental (quién sabe si hasta para las dos formaciones) y que entre los populares no existe ninguna intención de abrir el melón constitucional.

Urge que haya visión para superar el consenso del 78 y que proyecte el país hacia el futuro 

Pero no quiero profundizar sobre el engaño… sino reflexionar sobre esa negativa del centro derecha en reformar una herramienta que ha demostrado quedar obsoleta para los nuevos tiempos.

Sólo en dos ocasiones se ha modificado la constitución del 78. La primera, en el 92 para adaptarnos a una nueva regulación europea (Tratado de Maastricht) y en 2015, con el polémico cambio del artículo 135 por el gobierno de Zapatero.

Y no porque funcione como un reloj (un Senado inútil y una ley electoral caduca serían dos ejemplos de sus defectos), sino porque nuestra clase política no tiene ningún interés en que el status quo se modifique. Nuestra sociedad ha demostrado varias veces su madurez, no así la clase dirigente, que se considera con el derecho (reconocido por la constitución precisamente) de velar por los intereses de todos y así hace uso y abuso de su autoridad ya sea por acción como por inacción.

Otros países sí cambian

No hablamos de llegar al ejemplo más extremo de México, que ha modificado en 433 ocasiones su ley fundamental; Estados Unidos ha modificado su constitución 27 veces; Alemania (espejo para tantas cosas) la ha cambiado 60 veces. Le siguen Irlanda, con 27; Francia, con 24; Bélgica, con 13, y hasta nuestro vecino Portugal, con 12.

¿Cómo es posible que todos estos estados, algunos con larga tradición democrática, hayan considerado oportuno adaptar su marco legal con el paso de los años y nosotros no?

¿Será porque la redacción de la nuestra es ejemplar que algunos la consideran eterna e intocable? La última vez que se habló de modificarla era por la (OH) imperiosa necesidad de definir que la sucesión al trono de España no dependiera del género del aspirante. Ya ven ustedes lo útil, urgente y necesario del debate.

Un pacto transversal

Volvamos al principio del artículo… El PP engañó a un hoy irrelevante PSOE en una burla que éste no debería tolerar. Pero el problema no es el PSOE: el resultado de las elecciones del 21 de diciembre han dejado el tablero como estaba: los votos independentistas no tienen el número necesario para imponer su programa (ahora ya no unilateral) ni el bloque constitucional puede hacer valer la victoria de Cs.

Esto no lo arregla nadie si no se consigue un pacto transversal que facilite la modificación de la constitución para, entre otras cosas, «blindar» algunos avances sociales conseguidos en los últimos años y mejorar el encaje de las diferentes sensibilidades culturales y nacionales.

Urge que haya visión suficiente para superar el consenso del 78 (sí, muy positivo, pero ya caduco) y que proyecte nuestro país hacia el futuro.

*Javier Pons Inició su carrera en Radio Reus. Ha sido director de ‘El Terrat’, director de TVE y CEO de Prisa Radio. Actualmente dirige la productora Globomedia (Mediapro).

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