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La reivindicación de lo clásico

La política clásica es más necesaria que nunca: hacer y no decir, con discreción y elegancia
 

Ángel Guillem

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Decía Javier Solana en su libro La reivindicación de la política que no entiende otra política que la convencional (sic), en el mejor sentido del término, es decir, la política clásica.

Como los buenos zapatos, las películas americanas o los coches, lo clásico suele funcionar y por ello no perece. Perdura en el tiempo debido a su inmutable esencia. En estos tiempos recios podríamos tacharlo de desventura, pero no es menos cierto que lo clásico es lo bueno y lo auténtico. Parece un pleonasmo, sin embargo, es una verdad irrefutable. 

La política no es nada ajeno a las modas y hay personas que, aún con buena fe las abrazan e incluso resultan útiles a corto plazo en algunas ocasiones. Quien quede exento de culpa que tire la primera piedra. 
Cuando las modas pasan vuelve a resurgir con más fuerza lo clásico en el terreno expedito y la política clásica es más necesaria que nunca: hacer y no decir, con discreción y elegancia. 

Por ello, mi reconocimiento a aquellos que se mantuvieron inmutables haciendo buena la ignaciana premisa de que «en tiempos de tormenta mejor no hacer mudanza». Porque las modas pasan, los trucos se acaban, las series de ficción -aun siendo en la realidad- terminan y lo hecho al albur del cortoplacismo persigue cual Cobrador del Frac. 

Como los buenos zapatos, las películas americanas o los coches, lo clásico suele funcionar y por ello no perece. Perdura en el tiempo debido a su inmutable esencia

Las estrellas siempre están envueltas de esa ínfula magnética que, en la mayoría de los casos, sobrevaloran a priori las capacidades de los mismos y es que es del todo improbable, por no decir imposible, que en política te salga todo el rato todo bien. La remodelación del Gobierno de hace apenas un par de semanas fue una clara muestra de ello, pues es preferible mantener un tono y estilo propio que no pretender ser una quimera con constantes ocurrencias. 

Nunca es tarde para reivindicarlo -¿por qué no?- que vuelve a ser la hora de los clásicos, que nunca se fueron, solo tuvieron menos reconocimiento durante una temporada en sus cuarteles de invierno. 

Ángel Guillem es consultor de Asuntos Públicos

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