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La religión como factor de convivencia

Debemos impedir que minorías radicales que no representan los valores espirituales perviertan el valor pacifista de la religión
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Nuestro país ha dejado de ser, decididamente, de una sola religión. El laicismo del Estado, como no podía ser de otra manera, ha abierto paso a la instauración de otras creencias que hasta ahora, sobre todo durante el franquismo, no tenían ninguna facilidad para implantarse. Por citar solo el caso de la provincia de Tarragona, en el período que va entre 2004 y 2014 se han erigido 88 nuevos centros de culto no católico, 19 de los cuales corresponden al Islam. No cabe duda de que es precisamente esta creencia la que más recelos suscita, principalmente por desconocimiento, pero también porque a causa de la propia ignorancia, hemos permitido que aniden facciones que, guiadas por fanáticos yijadistas suponen un grave riesgo para la convivencia. Lo que debemos tener claro es que estas minorías, que hay que erradicar, nada tienen que ver con el Islam auténtico y mayoritario. El problema que representan es político y policial, pero en absoluto religioso. Todas las confesiones que están implantadas en nuestra sociedad promueven la paz, el diálogo y la convivencia. Hay que reconocer que la Generalitat, a través de la Direcció General d’Afers Religiosos, está haciendo una buena labor en este sentido. La información y el conocimiento mutuo son los requisitos indispensables para que todas las religiones convivan en armonía y, lejos de representar un factor de separación, se conviertan en un pilar para reforzar la convivencia.

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