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La respuesta de los países a la crisis del coronavirus

El único país que se ha mostrado como un caso bastante indiscutible de éxito al afrontar esta crisis sanitaria, sin vincularse exclusivamente a elementos aleatorios, es Alemania

CARLES RAMIÓ

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CARLES RAMIÓ

CARLES RAMIÓ

La crisis del coronavirus está poniendo en cuestión los diversos sistemas políticos e institucionales. Si intentamos analizar el fenómeno en el marco de cada país (por ejemplo, España) nos echamos las manos a la cabeza por la espectacular concatenación de errores. Pero si ampliamos el foco nos damos cuenta que estos fallos no han sido nacionales sino internacionales, casi globales.

España ha fallado, cierto. Pero también han cometido errores muy similares países tan dispares como Italia, Francia, Bélgica, Gran Bretaña, Estados Unidos o Japón. Países con culturas políticas distintas y con modelos institucionales y de gestión muy diferentes. Hay casos extravagantes que sí son merecedores de críticas justificadas como Gran Bretaña, Estados Unidos o Brasil. Algunos politólogos argumentan que la crisis del coronavirus va a propiciar un rápido descrédito en la confianza social y política con los líderes de corte populista (Trump, Johnson o Bolsonaro).

Veremos si el tiempo confirma esta hipótesis o sucede justo lo contrario y fomenta todavía más los gobiernos populistas (Salvini está al acecho en Italia y Le Pen en Francia) o la continuidad de los mismos (lo podremos comprobar este mismo año con Trump).

Pero también hay casos extravagantes, pero exitosos como Suecia que rechazó frontalmente las medidas de confinamiento ante el estupor de sus países hermanos como Dinamarca, Noruega y Finlandia. Suecia puede ahora mirarnos a todos con la cara muy alta ya que, por el momento, es un caso de éxito, pero dudo que haya sido gracias a su capacidad de planificación y de la calidad en la toma de las decisiones.

Todo parece indicar que ha sido debido a la combinación virtuosa de: un sistema sanita-rio muy robusto, una respuesta a la crisis rápida y proactiva, un modelo federal muy madu-ro y un liderazgo político de su canciller que aúna elementos como gran experiencia en el gobierno y su perfil científico 

Por otra parte, Singapur pasó en poco tiempo de país modélico a un cierto fracaso. Y no hay que olvidar a Grecia que, contra pronóstico, es considerado un caso de éxito por su buena gestión de los tiempos quizás acuciado por la debilidad manifiesta de su sistema sanitario e institucional haciendo de la necesidad virtud. Ha tenido suerte, ya que hay elementos aleatorios en esta crisis que invocan al concepto de fortuna de Maquiavelo. Suecia es la cara amable de la fortuna como Italia y España representan la cara menos favorecida.

Por otra parte, el factor tiempo ha sido determinante para cada país: no es lo mismo Italia que fue el segundo país en enfrentarse al problema (y el primero fuera de Asia) que, por ejemplo, la mayoría de los países de América Latina que pudieron anticiparse con más rigor a la crisis ya que ésta llegaba con más retraso. Poner como ejemplo el buen ejercicio de contención de la crisis sanitaria de China o Corea es algo equívoco ya que son dos países que tenían experiencia previa sobre este tipo de epidemias.

Por tanto, no parece que exista una correlación clara entre sistemas políticos y el tipo de reacciones institucionales ante la crisis. Por ejemplo, no ha sido determinante que un país posea un sistema presidencialista (EE.UU.), parlamentario (Gran Bretaña) o sempresidencialista (Francia). Todos los sistemas han cometido errores parecidos.

El único país que se ha mostrado como un caso bastante indiscutible de éxito al afrontar esta crisis sanitaria, sin vincularse exclusivamente a elementos aleatorios, es Alemania. Este país, ubicado en el centro de Europa y con grandes conexiones con los países más damnificados por la pandemia (Francia, Bélgica, Italia y España) ha afrontado la crisis con una gran solidez.

Todo parece indicar que ha sido debido a la combinación virtuosa de un conjunto de variables: un sistema sanitario muy robusto (una potente red de atención primaria y una elevada capacidad de unidades de cuidados intensivos), una respuesta a la crisis rápida y proactiva, un modelo federal cooperativo muy maduro y bien engrasado y un liderazgo político de su canciller que aúna elementos como una gran experiencia en el gobierno (además en gobiernos de coalición) y el perfil profesional científico de la canciller.

Siempre resulta sorprendente que los liderazgos políticos sean tan determinantes en los éxitos o fracasos de las políticas públicas con independencia de los modelos o de la solvencia de los aparatos administrativos. Comparar, por ejemplo, el liderazgo de Merkel con el de Trump es clarificador y estremecedor. Igual que no hay punto de comparación posible entre el liderazgo de Sánchez (liderando el primer gobierno de coalición de la historia y afrontando la crisis a los pocos días de constituirse) con el de Merkel (con una dilatada experiencia en el ejercicio de gobierno).

Hay que destacar, por otra parte, que la crisis del Covid-19 ha implicado una gran interconexión entre el sistema político y el sistema científico de cada país. Este sobrevenido diálogo entre la política y la ciencia ha sido crítico en como cada país ha planteado sus estrategias.

El sistema científico es complejo y mucho más ante un problema sobrevenido que también ha sorprendido a los académicos careciendo de suficiente acervo empírico para poder afrontar la contingencia con solvencia. Que la canciller alemana proceda del mundo científico es probable que haya sido determinante para discriminar el grano de la paja de la dimensión estrictamente académica.

Carles Ramio. Catedrático de C. Política y de la Administración en la Universitat Pompeu Fabra Carles Ramió ha sido vicerrector de la UPF. Es especialista en gestión pública, ha publicado una veintena de libros y 150 artículos sobre la materia. Ha sido director de la Escola Catalana d’Administració Pública. 

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