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La revolución de los balcones. Somos nosotros los que hemos de luchar contra esta nueva peste

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Porque tomamos las decisiones incorrectas y dejamos que los medicamentos, las mascarillas, los respiradores, las batas de protección, los test necesarios se fabriquen fuera

NATALIA RODRIGUEZ

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NATALIA RODRIGUEZ

NATALIA RODRIGUEZ

El coronavirus está poniendo a prueba nuestro sistema y nuestros valores. Vean si no los checos. Los malditos checos, que deciden robar el millón de máscaras de protección que China donaba a Italia. Egoísmo, cierre de fronteras, despliegue militar, lenguaje bélico. La vieja Europa demostrando la magnitud de su derrota.

Asia tiene mejor controlada la pandemia que Europa. En Hong Kong, Taiwán y Singapur hay muy pocos infectados. En España, por el contrario, tras un período de tiempo mucho más breve hay ya 33.089 personas infectadas. También Corea del Sur ha superado ya la peor fase, lo mismo que Japón. Incluso China tiene controlado al virus tras una serie de decisiones ejemplares. Pero ni en Taiwán ni en Corea se ha decretado la prohibición de salir de casa ni se han cerrado las tiendas y los restaurantes.

Mientras Asia tiene mejor controladala pandemia que Europa, aquí estamos fracasando

Europa está fracasando. Las cifras de infectados aumentan exponencialmente. En Italia y en España mueren a diario cientos de personas. A las personas mayores no se les concede ni el beneficio de la duda. Directamente no les podemos ofrecer modo de curarse. Hay que dejar espacio para los que tengan mayores capacidades de lucha. Su muerte en soledad, sin el confort de sus familiares ni del ritual religioso que para muchos es la llave que cierra la puerta de la vida aquí y la abre en el más allá, es una losa que va a pesar sobre nosotros en los años que vienen.

Los que salgamos de ésta, sabremos que dejamos ir a miles de los nuestros sin la despedida correcta. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Porque tomamos las decisiones incorrectas. Dejamos que los medicamentos necesarios se fabriquen fuera de nuestras fronteras para que las farmacéuticas puedan obtener más beneficios, las mascarillas, los respiradores, las batas de protección…los test. Fuera. Fuera de nuestro sistema de seguridad social, fuera de nuestras leyes laborales que, mal que bien aún nos protegen. Todo para que un 2% de la sociedad pueda disfrutar de unos beneficios pantagruélicos, hipérbole de millones de euros volando de un mercado a otro. De un bolsillo a otro.

Ya hay quien juega contra nosotros en los mercados, quien está apostando miles de millones por nuestra extinción. Son como las mantis religiosas, nos devoran sin saber que se devoran a sí mismos.

Ya hay quien está apostando milesde millones enlos mercados por nuestra extinción

El enemigo ha vuelto. Llevábamos muchos años sin un enemigo. La guerra fría terminó hace mucho. Últimamente incluso el terrorismo islámico parecía haberse desplazado a zonas lejanas. La globalización había suprimido todos los umbrales inmunitarios para dar vía libre al capital. Incluso la promiscuidad y la permisividad generalizadas, que hoy se propagan por todos los ámbitos vitales, habían eliminado la negatividad del enemigo.

Pues bien, en medio de esta sociedad tan debilitada inmunológicamente a causa del capitalismo global, irrumpe de pronto el virus. Llenos de pánico, volvemos a erigir umbrales inmunológicos y a cerrar fronteras.

El enemigo ha vuelto

El enemigo ha vuelto. Ya no guerreamos contra nosotros mismos, sino contra el enemigo invisible que viene de fuera. China podrá vender ahora su Estado policial digital como un modelo de éxito contra la pandemia. China exhibirá la superioridad de su sistema aún con más orgullo. Y tras la pandemia, el capitalismo continuará aún con más pujanza.

El virus no vencerá al capitalismo. Ningún virus es capaz de hacer la revolución. El virus nos aísla e individualiza. Somos nosotros, las personas, las que debemos hacer esa revolución pendiente. La revolución de los balcones, si quieren llamarla así. Somos nosotros, como decía Albert Camus, los que, con la decencia, debemos luchar contra esta nueva peste. Somos nosotros los que debemos reconocer, con humildad, que estamos en manos de los demás, que nuestra vida depende del otro, del bienamado otro. Somos nosotros los responsables de la nueva revolución de la empatía y de la solidaridad. Cuídense, quédense en casa y salgan al balcón.

Dar las gracias es el mejor remedio contra esta pandemia.

* Periodista. Nacida en Tarragona, Natàlia Rodríguez empezó a ejercer en el Diari. Trabajó en la Comisión Europea y colabora en diversos medios. Vive entre París y Barcelona.

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