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La salida del laberinto

Hay una realidad geográfica que otorga a la Grecia actual una situación privilegiada
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Dícese laberinto a aquel lugar formado de calles, encrucijadas y plazuelas, dispuestas de tal modo que aquel que haya entrado, encuentra la salida con gran dificultad. Y dícese, también, de aquel asunto que, por lo intrincado y confuso, no se presta a ser resuelto con facilidad.

Y dicho lo anterior, sin querer entrar en las historias y leyendas del Laberinto del Minotauro de la antigua Grecia, entiendo mejor dedicar un esfuerzo a la actualidad; y su forma de laberinto del que no saldremos fácilmente, aunque hagamos un notable esfuerzo de análisis, comprensión y búsqueda de salidas viables.

Creo que queda claro que me estoy refiriendo al laberinto actual de Atenas y de Barcelona, en relación con Europa y España, respectivamente.

Analizando la cuestión actual de Atenas y para buscar una salida viable, en mi opinión, deberíamos tener en cuenta diversos factores de la realidad compleja en la que estamos instalados, queramos o no.

En primer lugar, hay una realidad geográfica, que concede una situación privilegiada a la Grecia actual; así como otra realidad relativa a sus alianzas militares, dentro del mundo occidental de E.U.A. y de Europa, que deberían ser mantenidas en el tiempo.

En segundo lugar, hay otra realidad posible, como salida política y estratégica de Grecia, que es la ambición del actual gobierno de Rusia, para recuperar parte de su prestigio de la llamada Guerra Fría; y en base a la que podría tener lugar un nuevo y distinto alineamiento de Grecia, dentro del mundo oriental, ruso y chino, con amplias ayudas económicas y subvenciones como las que los griegos han recibido durante las últimas décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial; y quieren seguir recibiendo. En tercer lugar, dentro de nuestro mundo occidental, conviven las voluntades y convicciones de E.U.A. de que es esencial para su seguridad y la de la OTAN, que Grecia siga como aliada y con ayudas importantes; con las voluntades y convicciones de una parte de Europa de que alguna cosa más pueden hacer los griegos, además de dejarse ayudar por sus socios europeos y occidentales (Unión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional). Por ejemplo, incrementar su nivel de productividad y la aportación fiscal de los ciudadanos al bien común. De la confluencia de los tres aspectos geográficos, militares y políticos, debería salir la solución mejor o menos mala, a la que deberá revestirse con los recursos económicos necesarios y suficientes. Y ello, para continuar como hasta ahora; o para cambiar la historia del siglo XXI, que es el que nos toca de lleno. Esta es la actual encrucijada.

Teniendo en cuenta mis posibilidades literarias de expansión, entiendo mejor dejar para otro día la cuestión del laberinto entre Barcelona y España. Y finalizar mi conclusión personal, con aquella frase sencilla que dice: «Virgencita, virgencita, que me quede como estoy». Y a pesar de que no me convence situación actual, por considerar que existe un cierto abuso en la posición griega. Pero, como dicen los jóvenes de ahora, «es lo que hay». Y las decisiones deben tomarse antes de que sea demasiado tarde.

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