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La sana inflexibilidad de la Justicia

Gracias en gran medida a los jueces, el sistema ha podido superar la corrupción y garantizar el principio de igualdad
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El poder político ha puesto con frecuencia mala cara ante la contundencia de los jueces. Se han visto algunas marrullerías como el cambio de instructor en el ‘caso Fabra’, ciertos incidentes en el ‘caso Gürtel’ empezando por la suspensión de instructor Garzón y por las vacilaciones sobre la estabilidad del juez Ruz, y se han avizorado presiones evidentes como las denunciadas por el Tribunal Supremo o las que han dado lugar a la dimisión del fiscal dl Estado Torres-Dulce. Pero a pesar de todo ello la sana inflexibilidad de la Justicia ha prevalecido, la secuencia de juicios ha avanzado su implacable progresión y el sistema constitucional ha demostrado que, si no ha sido capaz de prevenir la corrupción, sí ha podido al menos reprimirla con apreciable eficacia en líneas generales.Con todo, es evidente que la Justicia necesita más medios para acortar sus plazos de actuación y para llegar más lejos en sus investigaciones. Negárselos a medio y largo plazo sería connivir con la corrupción e ignorar que gracias a ella el propio Estado ha sobrevivido a la degradación a que lo abocaban algunos de sus regidores. Y, por supuesto, urgen las reformas legales y procesales que prevengan la corrupción y que el Ejecutivo y el Legislativo no acaban de promover. En cualquier caso, conviene dejar claro que, gracias en gran medida a los jueces, el sistema ha soportado el reto, y que hacen falta reformas, no un proceso que eche por la borda todo lo conseguido hasta ahora.

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