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La sentencia de un caso histórico

La benevolencia de la sentencia será discutible, pero nadie podrá negar que el caso Nóos entierra el uso de privilegios

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La Justicia es igual para todos, se han apresurado a proclamar todas las partes que, de un modo u otro, han recibido satisfactoriamente la sentencia del caso Nóos. Indudablemente, la mayor controversia del fallo gira en torno a la absolución de la infanta Cristina. Quienes acudan con un apriorismo antimonárquico al análisis de la sentencia no compartirán esta visión igualitaria de los tribunales. De hecho, quienes estén alineados en esta tesitura, sólo habrían recibido con satisfacción un perjuicio judicial para la hermana del Rey. Cualquier otra resolución les sirve para sospechar de la benevolencia de las tres magistradas que han firmado el fallo. Pero lo que no admite ningún género de dudas es que, por primera vez, un familiar en primer grado de la Familia Real española ha tenido que pasar por el proceso judicial de un caso destapado hace once años, en el que la instrucción se ha prolongado durante cinco años y en el que la vista oral duró seis meses. Para remate final ha habido que esperar ocho meses más para conocer la sentencia. Ningún privilegio ha ahorrado todo este calvario a la infanta. Sobre las penas al resto de procesados y en especial a Iñaki Urdangarín, también se podrá admitir el carácter moderado de la sentencia, pero queda constancia de la implacable labor judicial contra las tramas que, valiéndose de privilegios de antaño, tejieron un negocio de provechos ilícitos. El caso Nóos entierra las prebendas por ser vos quien sois.

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