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La vía persa

Sesenta y dos años después, Teherán y Washington podrían empezar a reconciliarse
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Sesenta y dos años después, Teherán y Washington podrían empezar a reconciliarse. En Suiza firmaron hace pocos días un principio de acuerdo que contempla la renuncia iraní a la bomba atómica a cambio del levantamiento de las sanciones que ahogan su economía. Desde la revolución islámica que derrocó en 1979 al shah Mohamed Reza Pahlevi, impuesto como monarca absoluto por los EEUU tras un golpe de estado orquestado en 1953 por la CIA y el MI6 británico –y que puso fin a una monarquía constitucional mucho más democrática que el posterior régimen diseñado por Occidente–, nunca los EEUU e Irán habían estado tan próximos.

Una razón poderosa explica el porqué del momento. Dos razones nada menores están detrás del éxito. El porqué ha sido y sigue siendo el delirio del Estado Islámico. Irán ha sido la única potencia regional que se ha involucrado activamente en combatir su brutal espiral de terror, apoyando a las milicias chiíes de Irak, pero también ayudando al pueblo kurdo como no lo ha hecho Turquía, ni por supuesto lo que queda de Siria. El éxito tiene nombres propios: John Kerry, secretario de Estado de los EEUU, y Hasan Rouhaní, presidente de Irán.

Kerry, veterano de la guerra de Vietnam, convertido en su juventud en portavoz de la asociación Vietnam Veterans Against the War, no es un pacifista: sabe lo que es una guerra. Por eso quiere evitarlas cuando se puede. Con Rouhaní, hoy eso es posible. Islamista moderado, es la esperanza del cambio para una sociedad iraní mayoritariamente joven, que quiere vivir en paz y progresar. Los hijos de una revolución islámica que fue en esencia nacionalista y anticolonialista, y que con algo de inteligencia y sensibilidad podría llevar a una primavera persa.

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