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Las consecuencias de la falta de gobierno

Catalunya no puede seguir soportando por más tiempo la desidia gubernativa sin poner en riesgo su futuro

 

Diari de Tarragona

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Movilización en la Rambla Nova de Tarragona. PERE FERRER

Movilización en la Rambla Nova de Tarragona. PERE FERRER

El creciente descontento social que se extiende por Catalunya alcanza hoy su grado máximo. En una sola jornada coincidirán las huelgas y las protestas que afectan a los médicos de asistencia primaria, a los estudiantes universitarios, a los profesores, a los maestros de primaria, a los bomberos e incluso a los mossos d’esquadra que, pese a no poder declararse en huelga también hacen patentes sus quejas por otros métodos permitidos. Cuando de forma tan general un país concentra la queja masiva en diversos sectores es urgente preguntarse qué es lo que falla. Sobre todo es preciso reflexionar cuando las quejas no surgen de forma espontánea, sino que han estallado después de mucho tiempo aguantando situaciones de extrema desidia administrativa. Desde hace varios años el Govern de Catalunya tiene el foco de sus prioridades en el procés y ha abandonado las necesidades de amplios colectivos de la población. El déficit de financiación, lejos de reducirse, se ha ampliado por el castigo que desde Madrid se ha infringido con sordina por todo el episodio independentista. No es creíble que el procés no ha afectado gravemente la acción de gobierno. Sólo hace falta observar la indignación de la calle, sin duda alimentada por la dilación gubernativa y la ausencia de políticas eficaces. La aplicación del 155 tampoco ayudó en nada. Desde el Gobierno central se limitaron a resolver el día a día sin ninguna planificación a medio plazo y mucho menos a largo plazo. Ningún responsable político pisó ni un sólo despacho de las consellerias. En los últimos años Catalunya funciona por la potencia de la sociedad civil y de la empresa privada. El sector público es un desastre que puede acabar empujando al país a la ruina. El ejemplo paradigmático del desastre gestor es el nuevo CAP de la Canonja, terminado hace ocho meses pero sin entrar en servicio porque faltan los muebles. Los vecinos expresaron ayer sonoramente su protesta por tan incomprensible situación de desidia. Catalunya necesita acción de gobierno ya, sin mayor tardanza.

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