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Las crisis del independentismo

No lo ha hecho mejor el Govern que otros gobiernos autonómicos españoles: ni en economía, ni en sanidad, ni en la política

Salvador Aragonés

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Las crisis del independentismo

Las crisis del independentismo

El aplazamiento (interruptus) de las elecciones catalanas ha puesto una vez más sobre la opinión pública la ineficacia del independentismo que gobierna Catalunya en los últimos años.

Al Govern le falta –o es que nunca lo ha tenido– un asesor legal de alta cualificación como jurista. Lo que hay es ganas de andar hacia la independencia «in any way», de cualquier manera. La política está por encima del derecho, y «porque lo digo yo» las cosas han de hacerse «in any way». «No es eso, no es eso», diría Ortega y Gasset.

Esto es lo que ha pasado en la convocatoria electoral, que todavía no tiene fecha fija del todo, pero que todos lo dan por hecho, dejando sin efecto el decreto del Govern de aplazarla a mayo. Porque aquí en Catalunya, o mejor dicho la política independentista, se basa en la post-verdad, como hacia Donald Trump. La «verdad» no es lo que ocurre, sino lo que yo entiendo que ocurre. No existe un valor extrínseco a la persona que establezca la veracidad de los hechos. Los hechos son así o asá según mis gustos, mis creencias, mi modo de ver y pensar.

Esto se parece a un Estado de Derecho como una mosca a un elefante. El derecho, dicen, es bueno si se adapta a lo que yo decida y es malo cuando se me contradice. Los jueces y magistrados son buenos cuando sentencian lo que yo quiero, pero son malos, politizados, represores y no sé cuántas cosas más, si emiten una sentencia contraria a lo que yo había decidido. Esto es totalitarismo, no a lo Stalin o a lo Hitler, sino a lo Putin y a lo Xi Jinping. La verdad la tienen ellos. Y nadie más.

Parecía que un gobierno independentista –llevamos ya unos cuantos años– nos construiría una Catalunya que fuera la Dinamarca del Mediterráneo, donde los bancos harían cola para abrir oficinas en nuestro país y donde la paz social y política fueran la marca de país.

Pues no es así. Hemos pasado crisis económicas, crisis sanitarias y crisis institucionales. No lo ha hecho mejor el Govern que otros gobiernos autonómicos españoles: ni en economía, ni en sanidad, ni en la política.

Los errores han sido muchos, entre ellos que llevamos ya seis meses de un gobierno provisional, desde cuando Quim Torra dijo que se había terminado la legislatura

Ahora vienen unas elecciones que por la bisoñez del Govern no parece que se van a aplazar a mayo. Además, ha salido una encuesta del CIS –aclaremos, del CIS de Tenzanos (PSOE)– que parece cocinada. La encuesta da ganador al PSC frente a Esquerra Republicana. Una cosa sí que parece clara en la encuesta, que los candidatos de Esquerra Republicana, Pere Aragonès (un hombre gris a pesar del apellido), y de JxCat, Laura Borràs (la chica más elegante del Congreso de los Diputados, dejando a un lado las ministras). Ni el uno ni el otro tienen la popularidad y el buen hacer como gestores que tiene Salvador Illa. Les falta pedigrí. Este se ha equivocado muchas veces, pero ha sabido tener cintura y cambiar de políticas cuando las cosas iban torcidas.

En fin, que dentro de tres semanas nos tocará casi con seguridad, ir a las urnas. ¿Habrá un vuelco? No lo sabemos, no lo sabe nadie hasta que se cuenten las papeletas, todas, incluso las de los que viven fuera. Tampoco sabemos si habrá mucha o poca abstención. Lo que tiene que hacer el nuevo gobierno catalán es «donar un cop de timó» (dar un golpe de timón) como dijo Tarradellas en su día a Adolfo Suárez.

El independentismo está en crisis, no solo porque se pelean dentro del Govern, sino por la floja gobernanza de Catalunya. Con el paso del tiempo perdemos credibilidad económica y política.

Salvador Aragonés: Periodista y profesor emérito de la Universitat Internacional de Catalunya. Exdirector de Europa Press de Catalunya. Director del programa Economia i Valors de Ràdio Estel.

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