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Las cuatro estaciones

Primavera andaluza, verano municipal, otoño catalán e invierno de generales
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E ste año definitivamente va a ser una sinfonía política en cuatro estaciones, como aquello de Vivaldi pero en una versión delirante llena de ruido: la primavera de las elecciones andaluzas; el verano sobre las municipales; el otoño catalán y el invierno tras los comicios generales.

Será una larga partitura de eslóganes, titulares altisonantes, imputaciones y golpes de efecto, con las voces del coro del sectarismo como el pasado martes en la obertura del Congreso.

En el primer ‘concerto’ la música suena con acento del sur, un movimiento desatado por la presidenta andaluza para convertir marzo en su particular Suresnes. Se trata de un ‘Do sostenido menor’ de alto riesgo que amenaza con acabar tormentosamente. En los primeros compases, el movimiento meridional arranca en las elecciones griegas con Syriza como espejo de Podemos, cuya melodía se llena de escándalos, reales o deformados hiperbólicamente.

En el movimiento final, se resolverá el órdago de Aguirre en Madrid y otras listas.

Para verano se han celebrado municipales, tras el ‘allegro’ de las inauguraciones impúdicas de los alcaldes y las trampas a las juntas electorales. El PP celebrará su resultado, aun muy lejos de los máximos de 2011.

Aparece Ciudadanos en las ecuaciones; y figuras como Ada Colau en la ciudad de Barcelona.

Los socialistas, lejos de las expectativas, desatan el ruido de sables de las primarias. El sistema trata de salvar al PSOE, ante la sombra de pactos con las marcas blancas de Podemos, y mira al sur donde Susana reina en el califato. No hay pausa en el tórrido ferragosto. Convergencia y Esquerra prologan su particular 1714 hasta el ‘Presto’ de la campaña electoral en septiembre.

El movimiento de otoño es melancólico. 27 de septiembre, las costuras de España crujen. El nacionalismo hace lecturas rupturistas. El PP ha empeorado aún más tras sus ataques a Ciutadans como si ser catalán constituyera un estigma; y también los socialistas, otrora los más votados allí.

Los grandes partidos no están en Cataluña; Podemos y Ciudadanos, sí. Sin apenas tregua para el desencanto, rompe otra precampaña. Podemos se lanza a por todas; el sistema establecido contraataca con todo, en el ‘adagio molto’ de las mentiras electorales de una campaña feroz con más trincheras que nunca.

Invierno, fríos acordes de corcheas para constituir el nuevo Gobierno. El PP acaba de ganar las elecciones lejos de la mayoría absoluta; la Ley d’Hont castiga a Ciudadanos, y la aritmética pone al PSOE en una tesitura dramática: pactar con el PP les hundirá en el futuro, ya que la izquierda se aglutinará con Podemos; y pactar con Podemos les hundirá también entregando todo el centro al PP. La gobernabilidad será difícil; Cataluña tensa, el tutti estalla con los últimos compases de ‘el año que votamos absurdamente’ mientras el coro se pregunta si de todo esto saldremos más fuertes.

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