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Las elecciones que vienen

La ciudadanía está cansada de la falta de capacidad política para llegar a acuerdos

Iolanda Ortega

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Llegando al limite de lo estipulado por ley para poder formar gobierno, nos encontramos que todavía no se ha decidido nada, al contrario. Las últimas noticias indican de una cierta pasividad por parte de los lideres de las diferentes formaciones en una nueva ronda de conversaciones para poder llegar a un acuerdo y rehuir, así, las temidas elecciones. Temidas por múltiples variables. Destaca una: hartazgo de la sociedad- para mi la peor consecuencia- hartazgo por parte de una ciudadanía cansada de ver a sus políticos debatiendo, ofreciendo una imagen paupérrima de la capacidad de diálogo y entendimiento. Característica ésta intrínseca al principio de un sistema de representación proporcional. Pero claro, hay demasiadas variables en juego que hacen que los partidos no sean tan afines al entendimiento a toda costa o a cualquier precio. Otras variables que podíamos definir como de «esencia de partido» hacen que se hayan instalado en esta zona de pasividad esperando que sea el otro el que mueva la ficha, de el brazo a torcer, o el desgaste conduzca a unos al ostracismo del arco parlamentario y, a otros, a los sillones azules del Congreso de los Diputados.

Sin embargo, el liderazgo forma parte de la «esencia del partido», porque el liderazgo es la plasmación intrínseca de poder dentro de un determinado partido. Resulta de vital importancia en el momento actual.

Centrémonos en la figura de Pedro Sánchez, por ejemplo. Sánchez, que perdió las elecciones antes de que los ciudadanos pusiesen sus papeletas en las urnas con aquella descalificación, tan absurda como dañina, en el cara a cara televisado, hizo temblar los cimientos de su maltrecho liderazgo. Liderazgo que ha ido recuperando a medida que han ido incrementando las rondas de conversaciones con los diferentes partidos. No en vano, y volviendo a su liderazgo, su partido ha sacado los peores resultados de su historia estando él a la cabeza, y si encima si lo comparamos con la movilización del electorado en estas últimas elecciones, uno de los más altos (73,2%,) todavía queda más cuestionado su calado fuera y también dentro de su propio partido. Cuestionado por los barones, cuestionado por las encuestas, cuestionado por los ciudadanos, pese a ello, nos encontramos a un Pedro Sánchez que lucha por ser el próximo inquilino en la Moncloa. Y, como todo es posible en política, su carisma ha ido fluctuando como el sistema capitalista fluctúa con las crisis y, al igual que ella, va saliendo victorioso Tanto es así que incluso estuvo a punto de realizar primarias dentro de su partido y ahora concurre como nuevo líder de su partido para las hipotéticas y casi seguras próximas elecciones generales sin necesidad de pasar por unas primarias.

Dentro de la línea ideológica de la izquierda, y ampliando este espectro político, nos encontramos con Podemos, el otro gran partido que intenta jugar sus cartas, haciendo valer su resultado en las urnas legitimado por una ciudadanía que ha crecido al amparo del hartazgo de la corrupción de la izquierda.

Empero, en su idea de entrar a formar gobierno se está olvidando de algo importante como es el saber dialogar. Reproches a diestro y siniestro, diálogo de izquierdas con arengas todavía en uso y con cierto grado de apego a las masas, dominando a éstas como muy bien sabe hacer consecuencia de los años de estudio en la universidad, proclaman que no se van a vender , sin darse cuenta que tal vez , y como las últimas encuestas les vaticinan, sus electores empiezan a estar desmotivados y, ante unas hipotéticas nuevas elecciones, no están tan seguros de poder, no ya subir, sino mantener los escaños conseguidos.

Salpicados también por casos de corrupción, la difícil situación de afianzar un partido que ha nacido hace poco, el cuestionado liderazgo de algunos integrantes que empezaban a destacar, los cuales han sido fulminados por una cúpula fuertemente jerarquizada. Estos son algunos de los ingredientes que hacen temblar a un partido que gracias a su nacimiento ha afianzado y consolidado la ideología de izquierdas a través de su contraposición a sus partidos homólogos.

Partido de izquierdas con la idea de un gobierno de cambio y que, sin embargo, paraliza dicho cambio puesto que en un alarde de seguir los principios instaurados en El Principe, tan mencionado por él en el debate de investidura de Pedro Sánchez, «de cómo los príncipes han de mantener la palabra dada» escurre su compromiso que podría generarle un cierto desgaste a mantener su liderato pasando a los militantes la decisión de mantener o no las tesis formuladas en su programa.

Alejándonos de la izquierda, nos encontramos con un partido que las últimas elecciones lo han situado en un centro, centro – derecha que le permite actuar ganando votos puesto que este espectro centro, centro - derecha le esta facilitando la labor de diálogo y de cambio de política llevada hasta el momento. Centro- derecha defendiendo e intentando posibilitar un gobierno de cambio, un gobierno de izquierdas que lo convierte en un partido bisagra apto para el diálogo y el entendimiento, apto tanto para la derecha como para la izquierda. Sin ceder en lo que a principios se refiere, el partido naranja se ha convertido en el seny del Estado Español al intentar, de momento sin gran éxito, la formación de una gran coalición que posibilite esa idea de cambio y de progreso que proclaman los partidos de izquierdas.

Y, por último, en el extremo opuesto a definir la izquierda nos encontramos con el vapuleado pero sobreviviente Partido Popular. Aires nuevos socavan los cimientos del partido. Barones nerviosos ante tanto caso de abuso de poder, con dificultad para gestionar tanta catarata de corrupción , en los últimos momentos intentan tomar las riendas de una situación que ha quedado grande para todos menos, parece ser, para ellos.

Después de rechazar el papel de liderar la nueva legislatura, Mariano Rajoy dejó rienda suelta a la izquierda para que se coaligaran, tal vez a sabiendas que las

izquierdas se divorciarían ya antes de casarse, ya se sabe que lo progresista choca con la tradición y queriendo instaurar la tradición sale al final tendiendo la mano a su oponente, a uno de ellos claro, sin darse cuenta de que otra vez cae en unas formas poco convencionales, poco aptas incluso para quien ha ostentado el poder estos últimos años.

¿Y en medio? Partidos minoritarios, aquellos que el sistema parlamentario de representación proporcional quiere dar voz y voto se quedan sin lo uno y sin lo otro, dejando al vaivén caprichoso de la suma de escaños la azarosa tarea de poder crear grupo parlamentario y así hacer oír la voz de aquella minoría que también quiere estar representada.

Y ¿entre tanto? Entre tanto, todos esperando lo que desde un principio gran parte de la opinión pública ha dicho. Pacto imposible. Sin embargo, hasta el día 2 de mayo es demasiado tiempo en política. y, entre tanto, otro bando, esperanzado, espera a que aparezca un señor Puigdemont a nivel nacional que acerque los posicionamientos de los diferentes partidos hasta generar consenso. Consenso que cada día, sin embargo, parece quedar más difuminado, aunque como les he indicado al principio, en política todo es posible y nunca se sabe, hasta el limite de convocatoria todavía quedan días, y, en política, son muchos días.

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