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Las turbulencias del procés

¿Quién no se acuerda de un diputado de CDC que perdió 17 millones de pesetas en un taxi?

Salvador Aragonés

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El procés independentista catalán navega en aguas borrascosas y no parece que llegará a Ítaca. Ha perdido su inocencia y ahora sus dirigentes le han sometido a un estrés legal que va a acabar con él. Catalunya va abocada a unas elecciones (¿otras?) anticipadas.

No hacía falta que por unanimidad el Consell de Garantías Estatutarias dijera que el referéndum es ilegal, ni que los letrados del Parlament de Catalunya se opusieran a la propuesta de modificación exprés del Reglamento del Parlament, para aprobar las leyes de desconexión sin debate parlamentario y sin conocer la ley. Y son los propios órganos que se ha dado la Generalitat los que se oponen.

Y para más INRI quiebra la sociedad de merchandising del procés, que vendía banderas, gorros, camisetas y prendas íntimas ‘indepes’ con la estelada, de la que era socio Pep Guardiola. La venden por 30.000 euros, pero solo facturó 7.600 euros en 2016. El negocio ya no funciona.

El mundo jurídico lo tiene claro, todo menos los independentistas recalcitrantes para los que la independencia puede hacerse de cualquier manera y con cualesquiera reglas del juego. Si la justicia debería funcionar al mando del exjuez y exsenador Santi Vidal, como estaba previsto, ¡estaríamos frescos!

Carles Puigdemont cada vez más se parece a Donald Trump, en determinadas cosas, salvando las diferencias de lengua y territorio, pues si los jueces o juristas dicen «no», yo digo «sí», pues «convocaré el referèndum peti qui peti», caiga quien caiga. Parece que haya perdido el oremus, o al menos se le ha desviado. El fin no justifica los medios; eso lo hacen solo las dictaduras y los comportamientos antidemocráticos.

Ya no hablo de los antiguos convergentes, todos con la cuerda al cuello por causa de las comisiones ilegales percibidas a cambio de suculentos contratos durante sus largos años (30) de su gobierno). La Justicia parece que ahora sigue la ‘agenda Catalunya’, en la que los antiguos convergentes están casi todos en los tribunales, a excepción de Xavier Trias, que aun sabiendo todo lo que pasaba no parece que se ensució las manos.

La Justicia pasa factura ahora a un modo de hacer política nefasta, corrupta, del PP, del PSOE y de CiU. ¡Qué pena la lentitud de la Justicia! Ahora se juzgan casos de hace 10 ó 15 años, con lo que muchos se salvan de rositas porque los delitos han prescrito. ¿Quién no se acuerda de un diputado de CiU que perdió 17 millones de pesetas en un taxi y que eran donados a Convergència? Bien está que se corrijan los errores, pero estaría mucho mejor que se corrigieran a su debido tiempo.

Volviendo al procés, se le acaban las razones jurídicas, y sin ellas no es posible asentar una sociedad democrática, por muchos que se llamen a sí mismos demócratas los ‘indepes’ (dime de lo que hablas y te diré de lo que careces), porque la democracia debe asentarse en un estado de derecho, en un estado donde impera la ley y no el amiguismo, ni la arbitrariedad ni el ‘aquí mando yo’. Los independentistas no pueden buscar adhesiones internacionales jugando al ocultismo, al secretismo, a la falta total de transparencia, en un juego permanente de cómo y cuándo saltarse la ley, la española y la propia.

Si los que gobiernan juegan a eso y quieren un país como Dinamarca (Artur Mas dixit), nadie se los va a creer, porque Dinamarca es una democracia consolidada, es un estado de derecho reconocido mundialmente y para gobernar no necesita hacer trampas en el solitario ni engañar a sus ciudadanos. ¿Dónde está Ítaca, señor Mas, o es que hemos embarrancado?

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