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Lealtad y confianza

No sólo Catalunya quedará afectada por el resultado final, sino también España
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La lealtad, aplicable a la actuación de las personas, puede definirse como aquella cualidad humana que consiste en no cometer falsedades, ni engañar o traicionar a otra persona o personas. Y la confianza es aquella actitud que tenemos hacia alguien a quien consideramos que actuará en forma honrada y eficiente; y de la que esperamos un buen comportamiento hacia nosotros. Pues bien, en los términos indicados, en mi opinión, las próximas elecciones del 27-S en Catalunya tratarán, esencialmente, de la lealtad y de la confianza.

Veremos si aquellos cargos públicos que prometieron en su día acatar y hacer cumplir las leyes, son capaces de realizar sus promesas; o no lo son. Y si aquellos que nos piden nuestro voto, realizan promesas que son equivalentes a mentiras claras y evidentes, a la luz del sentido común y de la legalidad vigente.

Veremos si aquellos a quienes podemos votar han cumplido y seguirán cumpliendo la principal obligación de un político, a nivel personal o colectivo, consistente en solucionar los problemas sociales existentes y no crear problemas adicionales. Y si hay quienes nos piden nuestra confianza, apelando a nuestro corazón y no a nuestra cabeza, sin importar las consecuencias.

Veremos si hay algunos que, más allá del cumplimiento de sus obligaciones legales, sólo están interesados en salvar sus intereses particulares y su situación personal. Y si hay quienes pretenden esconder sus responsabilidades de todo tipo, penal, ético o político, con unos planteamientos maximalistas y de confrontación ciudadana; aunque exista el riesgo de dividir en dos partes la sociedad catalana.

Veremos si hay quienes están dispuestos a salir de la Unión Europea, con tal de conseguir sus objetivos personales y políticos. Y si hay quienes no tienen inconveniente en crear una grave situación de inestabilidad política en Catalunya, con grave perjuicio de las inversiones de presente y de futuro; y de la creación de puestos de trabajo.

Veremos si habrá quienes practicarán la mala política del «estás conmigo o estás contra mí», usando y abusando de la presión social, para condicionar el sentido de nuestro voto, que debería ser libre y meditado. Y si nos queda claro, a todos los ciudadanos de Catalunya, que votar el 27-S es decidir aquello que preferimos para nuestro presente. Porque, en resumen, en un sistema de democracia parlamentaria, votar es decidir. Por ello, cuantos más vayamos a votar, la decisión de las urnas será más clara y respetable.

Nuestra confianza personal y política debería estar condicionada por todas estas evaluaciones, después de una profunda reflexión, en torno a nuestra responsabilidad en este difícil momento. No sólo Catalunya quedará afectada por el resultado final, sino también España y Europa. Porque, en la realidad, los intereses actuales catalanes, españoles y europeos, están tan interrelacionados que, para bien y para mal, el todo queda supeditado a la parte, en la misma medida que la parte se beneficia del todo.

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