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Les cartes al director del dia

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Renfeaventura

No hay día del año, es literal, en el que el tren llegue a la hora a la estación. Y tras al menos más de un año en esta situación, ni siquiera tenéis la decencia de adecuar el horario para ahorrarnos todos los minutos que perdemos en unas instalaciones desfasadas y lamentablemente mantenidas, haga frío, calor o llueva. Afortunadamente no nieva por esta zona.

Ya en camino, vuestras mentes más privilegiadas ponen en marcha el plan y... felicidades, habéis conseguido recuperar el tiempo justo para no pagar indemnizaciones. ¡Ay si empleaseis las mismas neuronas en cumplir todo aquello por lo que os pagamos…!

Tras cumplir con nuestros horarios de trabajo (¿qué ironía, eh?) llega la hora de volver a casa y es lamentable que mientras que a algunos les falta tiempo para cerrar la puerta, una taquilla o su ordenador cuando pasa un segundo de la hora, otros tengamos que soportar travesías por el desierto con retrasos considerables todos los días del año. Sí, otra vez es literal.

Recientemente nos dejasteis tirados sin ningún tipo de explicación en mitad de la nada. Estábamos a punto de ofrecernos voluntarios para salir a empujar cuando a la máquina le dio por moverse a duras penas. Al parecer se trataba de un último esfuerzo cual elefante moribundo que busca un lugar algo digno donde morir (espero que captaseis la indirecta de la pobre máquina). En dicha estación, con más de media hora de retraso y a otro tanto del destino, sólo os faltó gasearnos en el interior para que no nos quejáramos mucho.

Puertas bloqueadas, falta de iluminación, información nula… hasta que de pronto una de las puertas se abre y permite a la gente especular con las posibilidades: ¿Nos quedamos aquí y que nos lleven de vuelta a trabajar al día siguiente si saben dar la vuelta al tren?, ¿bajamos a ver si alguien nos dice algo con sentido común?, ¿nos estamos callados, no vaya a ser que nos quieran cobrar la pernocta?...

Al final, un pasajero comenta la posibilidad de coger el siguiente tren que realiza el mismo trayecto y que estará a punto de llegar. Todos nos encaminamos al andén contiguo por el paso subterráneo mientras una voz de fondo (sin megafonía ni nada, que eso debe ser muy costoso) al fin valida el plan.

Por fin llegamos a casa tras un duro día de viajes de ida y vuelta (el trabajo es la parte agradable entre trayectos), pero quedan pocas horas para disfrutas de los nuestros, hay que volver a dar de comer a esta gran empresa y pasar por taquilla para la próxima aventura.

Ibai Delgado Kortazar

(Tarragona)

Las escaleras del Palau de Congressos

Me alegró ver la fotografía de las escaleras del Palau de Congressos de Tarragona. Lo mismo pasa es las escaleras que van a la Escuela Oficial de Idiomas. Es una pena que por ahorrarse algún dinero ahora lo tengan que hacer dos veces. Por cierto, los de la calle Zamenhof ya las cambiaron.

Aprovecho la ocasión para pedir a la persona que le corresponda si hacen el favor de limpiar detrás de Estadística. Está de pena, la verja está rota y los perros hacen lo que les permiten sus dueños. Es una pena que la gente no sea más limpia.

Conchita Olivé Queraltó

(Tarragona)

Una sentencia ejemplar

La condena a seis años de prisión para los dos responsables de un portal de internet que se apropiaba de los contenidos de publicaciones españolas y europeas debe significar un antes y un después para la piratería cultural en España. La sentencia de la Audiencia Nacional no sólo valora el perjuicio a la propiedad intelectual, sino el desprecio y la burla hacia sus víctimas de las que hacían gala los condenados, que, conscientes del daño que causaban, alardearon de que «ellos estarían en una playa y los editores y periodistas, en el paro».

Jaume Catalán

(Girona)

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