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Les cartes al director del dia

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Un esclat de joia i d’il·lusió col·lectiva

Enguany ha estat una Diada magnífica. L’acte de la Meridiana ha reeixit. Catalunya, una vegada més, ha aconseguit que l’Onze de Setembre representés un esclat de joia i d’il·lusió col·lectiva. La logística i l’organització de l’acte han estat excel·lents.

Cal remarcar que els catalans tenim gent molt preparada per organitzar aquesta mena d’esdeveniments, però ara cal el més important: guanyar, contundentment, el 27-S i començar a fer política de debò.

Ara ha arribat el moment de la responsabilitat col·lectiva perquè el 27-S pugui començar de debò un procés democràtic que ens porti cap a la construcció d’un país nou. Més net, més just i més lliure.

Josep M. Loste

(Portbou)

Caminando hacia atrás

La reivindicación del independentismo –tan retrógrado en Europa– de una Generalitat de Cataluña que no quiere ni sabe negociar, la tendrá que corregir la historia del progreso inexorable; sólo que al precio más alto.

Pero a muchos políticos ya les va bien: cuanto Mas cara la broma, mayor es su 3%.

Joaquin Durall (que pedía la independencia de Girona, pero, por solidaridad con Barcelona –con un PIB menor– ha dejado de pedirla).

Joaquín Durall

(Banyoles)

La corbata, sí

Acabo de visionar por TV1 una de las últimas reuniones en Bruselas, de los líderes de la UE y me he quedado verdaderamente asombrado al comprobar que todos, cuando digo todos –quiero decir sin excepción– los políticos que aparecieron, iban debida y correctamente trajeados y con la que llamaremos hoy... polémica corbata. Y digo polémica, no sé por qué.

A escasos meses de cerrar el calendario de 2015 quiero recordar que –la corbata– data del año 1660, sufriendo cambios, evoluciones, retoques o lo que sea a través de los años y que la corbata moderna –más o menos la de ahora– comenzó a imponerse en 1924, impulsada y promocionada por un tal Jesse Langesdorf.

Y al disfrutar de la elegancia –que no petulancia– de todos aquellos señores, me ha hecho reflexionar y preguntarme el porqué de ese acusado declive y decreciente uso de la corbata. Lo más fácil es culpar a la moda, a las tendencias y hasta a los cambios generacionales.

Pero yo creo algo peor, achaco esta revolución de «anticorbatismo» a una creciente tendencia de ir en contra de las normas establecidas por la sociedad, rompiendo normas, costumbres, moldes y todo lo que sea sometimiento. ¿Es eso la democracia?, ¿libertad absoluta para todo?, ¿no aceptar órdenes ni normas?

- A mí nadie me va a obligar a llevar corbata como algunos burgueses...

- Qué se han creído, yo visto como me da la gana...

- Además... de qué sirve...

- Igual me da si todos los demás la llevan...

Pena, profundísima pena me da cuando en cualquier reunión del Gobierno o de la Generalitat o en el mismísimo Congreso y Senado, veo algunos políticos – que obviamente no voy a nombrar– seguramente con sus títulos y carreras universitarias, abogados, licenciados en lo que sea, que aparecen sin rubor, vistiendo unos desastrados tejanos y una camiseta de punto o «polo» con propaganda incluida sobre el pecho.

Sinceramente debo decir que para mí no deja de ser un desastrado y nefasto personaje de la política e insolidario con la mayoría. Pero... ¿a esta gente de esta ralea por qué diablos les votan? Y para más inri tenemos que llamarles señor diputado o su señoría. ¡Amos anda!

Y si algún enemigo me he creado, peor para él. A mi edad, no me va a catequizar ni que me mande flores.

Pau Òdena

(Tarragona)

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