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Les cartes al director del dia

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Les associacions de veïns a Tarragona

És un plaer veure com es mouen algunes associacions de veïns a Tarragona. Tenen iniciatives, vetllen perquè el seu entorn sigui habitable, comuniquen les mancances a l’Ajuntament o bé allí on faci falta. Uns treballen i uns altres estan jubilats, però es treuen el temps d’on sigui per ajudar que tot millori. Fins i tot quan estan malalts pregunten com van les coses. És massa.

Pot ser que algú tingui la impressió que estan per organitzar festes i saraus, però les que jo conec estan ben lluny de tot això. Primer de tot és redreçar el que està tort, per dir-ho d’alguna manera

Tant és que es tracti d’un barri o del centre. El cas és que s’ajuden, es donen força i no defalleixen. Es podria dir que fan que els que governen la ciutat resolguin coses encallades o donin explicacions del perquè no continuen.

Moltes coses són incomprensibles, i no paren fins a trobar una explicació que els convenci del perquè ha de ser així i no d’una altra manera. Són un bon suport per a la ciutat. Cal que la gent es faci soci de l’Associació del seu barri per estar al dia de tot el que el concerneix. Tindrà ajuda i podrà ajudar, que no és poca cosa.

M.ª Elisa Aragonés Domènech

(Tarragona)

¿Conciencia pro animal?

Vengo perpleja, del paseo con los chuchos. Anticipo que no tengo nada contra los gatos. Me acabo de encontrar una guarida de aproximadamente 10 gatos con cojines acolchados, comida en lata y pienso además de agua, que les facilitaba una mujer venida expresamente a la zona. Además con esa mirada territorial como si le fuera la vida en «sus gatos».

Evidentemente no están controlados porque hay por lo menos 6 crías correteando entre la basura delante del chalet que les ha montado esta mujer.

Esto no es ser bueno con los animales. Es ser un irresponsable con el equilibrio natural de su especie. Ser bueno es curarlos si nos los encontramos heridos o enfermos. Ser bueno es adoptarlos si tanto los quieres; entonces se les pone un nombre y un collar para domesticarlos, se les da de alta en el municipio como responsable de su cuidado y/o conducta, se les desparasita, vacuna y evita la proliferación callejera que sólo trae: pulgas, garrapatas y enfermedades como la hepatitis, todo ello contagioso y además pernicioso para el ser humano. Y mierda porque también la hacen y nadie reclama ni multa por sus condiciones. Asi yo también tengo elefantes.

Los gatos en libertad cazan. Y se buscan la vida. Los hay que se acercan a mi jardín e incluso han entrado a mi cocina en verano. Eso no es un problema. Les dejo agua y han robado pienso, vale si tienen hambre, aquí hay amor para todos. Pero si roban a los humanos es porque alguien comenzó la cadena, el aprendizaje de vivir de gorra en lugar de salir a por lo suyo cada día.

Por la misma razón estoy pensando en montarles un chiringuito a las ratas, tablas variadas de queso y un par de casitas a lo Pixie y Dixie.Soluciones. Los gatos callejeros y su pasión por las basuras y la comida enlatada o el pienso en las esquinas de nuestras calles, con toda facilidad contra-natura en su supervivencia, no son más que un signo de esta sociedad borracha de buenismo y falsa culpabilidad. Y si no, repito, si tanto se les quiere se les adopta individualmente.

Todo lo demás es una obsesión enfermiza propia de humanos irresponsables. Cosa que a los gatos no les sucede.

La última vez que escribí de esto en el Diari, una defensora, obviamente localizada y con poder en esas asociaciones pro-gatos de Tarragona, que se dedican a surtir cada recodo de las ciudades de alimentos y como mucho a esterilizar a algunos ejemplares, me hizo, en respuesta en el Diari, no pocas caricias a la yugular... como si alimentar a «sus gatos» le diera el título y el derecho inapelable de ser mejor persona.

Y ahora con permiso voy a mi sofá, en mi casa, si a mis perros, les da la gana de dejarme sitio. Todo es negociable.

Carolina Figueras

(Mont-roig)

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