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Libertad de expresión

Han pasado cinco días de la monumental pitada que se llevó el himno español en el Camp Nou y el tema todavía colea
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Han pasado cinco días de la monumental pitada que se llevó el himno español en el Camp Nou y el tema todavía colea. A pesar de que tengo los niveles de nacionalismo por los suelos (aunque no lo parezca también existimos personas que no nos emocionamos al escuchar el himno nacional, ni el español ni el catalán), me parece una falta de respeto silbar, increpar y menospreciar símbolos que para miles y miles de personas sí que significan algo importante en lo más profundo de sus corazones, independientemente del color de su bandera. Aclarado este punto, encuentro una exageración criminalizar la actitud que tuvieron algunos miles de personas el pasado sábado cuando el himno español sonó por la megafonía del estadio del Barça. Podemos lamentar lo ocurrido o criticarlo, pero lo que no podemos es promover un cambio legal que atente contra un derecho tan fundamental como es la libertad de expresión de las personas. Al vicesecretario general de Organización del PP, Carlos Floriano, le ha faltado tiempo para –en un alarde de puro electoralismo– anunciar que el gobierno central estudiará cambios legales para poder castigar penalmente a quienes piten el himno nacional. Floriano, tal vez, no recuerda que en el año 2009 la Audiencia Nacional dio carpetazo a este debate confirmando que la pitada que recibió el Rey en Mestalla, durante la final de la Copa, no constituyó delito. Me quedo con las declaraciones del jugador del Barça, Xavi Hernández, quien aconseja a los que tantas ganas tienen de perseguir lo que pasó «que primero se pregunten por qué sucedió».

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