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Lo coyuntural y lo permanente

Luis Álvarez de Vilallonga

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Lo coyuntural y lo permanente

Lo coyuntural y lo permanente

En todos los órdenes de la vida existe lo ocasional, circunstancial o efímero, y lo indeleble o perdurable, aunque en realidad este planteamiento es sostenible desde el punto de vista de la acción humana condicionada en función de su longevidad, siendo precisamente la propia existencia el límite insalvable a lo permanente.

En cualquier caso, lo que hoy queremos es reflexionar sobre cómo la Covid-19 ha condicionado el comportamiento social, principalmente en el ámbito cultural.

Tomando como referencia de cultura las Bellas Artes (arquitectura, danza, escultura, música, pintura, literatura, cine, fotografía) y las últimamente consideradas como el cómic o la gastronomía, sin dejar de lado la cultura costumbrista, en nuestro país, de reunirnos en cafeterías, ir de tapeo, de copas, acudir a los estadios de fútbol, plazas de toros, disfrutar la riqueza de nuestros bailes regionales o frecuentar las tradicionales verbenas veraniegas, populares en todo el territorio; es en ese aspecto global de la cultura que consume nuestra sociedad, cuestionar quién se atrevería a pronosticar lo que en un próximo futuro, la Covid-19 habrá alterado con la «nueva normalidad», si el hecho cultural de antes continuará siendo permanente o coyuntural.

Es evidente que muchas personas tienen cierto temor a frecuentar las salas de cine. También existe una cierta reticencia a reunirse para almorzar o tomar un aperitivo en lugares cerrados, siendo las terrazas al aire libre el lugar preferente para estos encuentros.

Hablando de cultura literaria, las librerías han sufrido una considerable merma en sus ventas y parece que gana terreno las ventas online y contenidos gratuitos en la red, incentivada por la lectura digital, las grandes empresas se han adaptado, no así los modestos libreros que sufren las consecuencias de esta transformación que también afecta a editores, autores, traductores y correctores.

Por otra parte, en la música ya hace tiempo que la red dispone de dispositivos que han desplazado a los CD y otros soportes, en Spotify y otras plataformas se ofrece música hasta el infinito.

El teatro, que de por si no es un espectáculo masivo, siempre ha sufrido la carencia de interés por una falta de acercamiento a los sectores más populares y la adecuada formación para su conocimiento, los actores y las obras están a merced de las empresas que contrata y despide en función del éxito.

Los medios de comunicación y los periódicos forman una parte importante e influyente en el entramado social creando estado de opinión; la inevitable aparición de los diarios digitales ha logrado conciliarse con la prensa en papel de toda la vida, a la que el lector no quiere ni debe sustraerse.

La cultura debiera ocupar un lugar preponderante en la sociedad y en ese sentido no se trata de que el Estado reparta subvenciones como le venga en gana (ya sabemos que hay sectores muy politizados, los mismos de siempre, demagogos hasta la medula), se trata de dignificar la cultura poniendo énfasis en la ley de educación, haciendo una apuesta contundente que forme alumnos en sensibilidad por las artes, el conocimiento y el desarrollo del pensamiento en todos los parámetros culturales, considerando que la cultura, bien entendida, forma parte importante del sistema económico.

Desgraciadamente los políticos de hoy están en su discurso de la descalificación el enfrentamiento y hasta el odio, y así la oferta cultural está llena de relatos alienantes, mensajes negativos y frivolidades. Es la distopía política del momento.

Uno abriga la esperanza de que más pronto que tarde obtengamos el antídoto que junto a la vacuna de la Covid-19 nos devuelva el sosiego y la tranquilidad, asumiendo lo coyuntural o permanente que más convenga.

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