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Lo que hay que hacer

A por la agenda de 2015. En la librería de costumbre, el estante está repleto de modelos
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A por la agenda de 2015. En la librería de costumbre, el estante está repleto de modelos. Hecho un asquito de desorden porque todo el mundo ya las ha ido abriendo para ver si tienen planificación semanal o diaria, los días en vertical o en horizontal... Se ve que una parte de la humanidad sigue queriendo escribir algo a mano a pesar de todos los artilugios electrónicos. Agenda. Del participio pasivo futuro latino. O sea, lo que tiene que ser hecho... Las obligaciones del nuevo año, qué emoción. Ir a comprarse la agenda tiene algo de promesa, o de acto de fe. Un amigo mío comprueba siempre en qué caen su cumpleaños y las fiestas, a ver cuántos puentes se puede coger en el nuevo año. Me da como pena esa costumbre. Viene a decir que los demás días no interesan. Como si diera por hecho que no le va a pasar nada del otro jueves. Que va a vegetar. Otro, muy creyente, lo primero que hace cuando estrena la agenda es mirar la última página y hacer una pequeña oración. Para que Dios le conceda llegar a ese día, es decir, vivir todo el año. Ole tú. A primeros de enero y ya derrochando optimismo. Por qué conoceré yo a gente tan rara. Y no es fácil escoger una agenda, no. Hay un modelo en el que puedes ir arrancando las hojas de los días que van pasando. Si las archivas, las enmarcas, o van a la basura, es cosa tuya, pero así la agenda pesa menos. El futuro aparenta más liviano. Cargar a diario con lo pasado, ¿para qué? Elijo esta. Ni se me pasa por la cabeza mirar en qué cae mi cumpleaños, ni mucho menos ir al 31 de diciembre, no sea que me de mal fario. En fin. Que tengan un año en que cada día cuente.

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