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Locos andan sueltos

Antoni Coll i Gilabert

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El mayor peligro en la Corea del Norte gobernada por el loco Kim Jong-un, es ser de la oposición o ser de su familia. La ventaja para los que no somos norcoreanos es que su locura no nos alcanza.

En Estados Unidos –cuyas decisiones sí tienen repercusión mundial– la presidencia no está en manos de un loco exactamente, pero sí de un alocado.

Al cumplirse un mes en su cargo, Donald Trump ya ha chocado con los inmigrantes, la CIA, el FBI, la justicia y la prensa. También con México, Australia y lo último con Suecia, a la que atribuyó padecer un ataque terrorista que nunca tuvo lugar.

Con Oriente Medio ha puesto en duda la solución de dos Estados (Israel y Palestina), y sobre refugiados ha augurado que construirá zonas de seguridad para que no tengan adónde huir, y que la pagarán los países del Golfo.

Curiosa tendencia: que sus ideas las paguen los demás. ¡Y encima es hiperactivo!

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