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Los costes del cambio climático

El calentamiento global ya ha costado cientos de miles de millones de euros a los estados europeos durante estos últimos 40 años

José-Daniel Vila Robert

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Los costes del cambio climático

Los costes del cambio climático

El calentamiento global supone una amenaza para nuestras sociedades, nuestro medio ambiente y los ecosistemas que hemos heredado de nuestros ancestros y que ahora nos toca a nosotros preservar para las generaciones futuras. De hecho, el cambio climático ya ha costado cientos de miles de millones de euros a los estados europeos durante estos últimos 40 años. Y, paradójicamente, podría costarles aún más caro, si deciden abandonar los combustibles fósiles debido a los compromisos que han establecido con las multinacionales del petróleo y del gas.

El valor de las infraestructuras de combustibles fósiles europeas, protegidas por el Tratado sobre la Carta de la Energía, es de al menos 345.000 millones de euros, según un informe de Investigate Europe, realizado por Nicolás Schmidt y Oliver Moldenhauer. Los pleitos permitidos por el Tratado podrían disuadir a los Estados miembros de adoptar políticas climáticas ambiciosas.

Las emisiones de carbono no son gratis en Europa. El régimen de comercio de derechos de emisión de la Unión Europea, es un sistema de intercambio de carbono que se encarga de establecer un máximo anual de emisiones y el precio de las mismas. Sin embargo, Wijnand Stoefs, responsable de las políticas en Carbon Market Watch, afirma que debería convertirse en una herramienta más ambiciosa. Ésta que se empezó a diseñar en los años 90, nació después de un largo debate en torno a la introducción de un impuesto sobre el carbono, para que toda empresa que produjera emisiones de CO2 tuviera que pagar por ello. El objetivo es forzar a la descarbonización de las 11.000 empresas en las que se aplica actualmente este sistema. Por lo general, se trata de grandes plantas energéticas e industrias pesadas, como refinerías, plantas de cemento, hierro, aluminio y químicas, que se encuentran en todos los estados miembros, Noruega, Islandia y Liechtenstein. Incluso las empresas del Reino Unido, hasta que ocurrió el Brexit.

Sin embargo, desde su implantación en 2005, ya se ha pasado por cuatro fases, con diferentes legislaciones y herramientas. En particular, se crearon demasiados permisos de emisión durante la segunda fase, como muestra de generosidad después de la crisis económica de 2008, algo que poco después se convertiría en algo muy problemático. No solo se dieron algunos gratuitamente a fabricantes de hierro, sino que les otorgaban demasiados permisos y podían incluso venderlos.

Después de que se crearan más de 1.000 millones de permisos, el precio por tonelada de CO2, bajó menos de cinco euros. Entre 2019 y 2020, se alcanzaron los 2.000 millones de toneladas, es decir, la cantidad de excedentes de permisos de emisiones en el sistema era muy superior al consumo anual de las empresas. Se concedieron demasiados permisos y había demasiados suministros. Algunos trucos contables ayudaron a reducir su número, como la reserva de estabilidad del mercado que succiona de forma activa los permisos fuera del sistema.

Cada año la Comisión Europea calcula los derechos de emisión existentes en el sistema, los que se han dejado sin utilizar, los que se han vendido y los que se han cedido gratuitamente. Y cabe preguntarse adonde se destina el dinero. Los países reciben ingresos, mediante una subasta de derechos de emisión para el sector eléctrico. Los sectores industriales seguirán recibiendo la gran mayoría de sus derechos de forma gratuita. En mi opinión, el sistema no pinta bien. El dinero se suele añadir al presupuesto general, lo que es una verdadera pena, porque el dinero que se destina, actualmente, en medidas que contribuyan a erradicar el cambio climático no es suficiente.

José-Daniel Vila Robert: Exsubdirector general y director de Patentes e Información Tecnológica del Ministerio de Industria y Energía.

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