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Los daños del 'caso Nadia'

Los llamamientos a la solidaridad pública para llegar donde no llega la Seguridad Social deberían tener algún filtro oficial.

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El caso Nadia ha desatado un doloroso escándalo social y ha abierto nuevamente el debate público sobre si la siempre solícita solidaridad de la gente merece mejores empeños. La confesión y sucesiva detención del padre no admiten paños calientes a la repugnante utilización de la enfermedad de una niña para, simple y llanamente, hacer negocio. A renglón seguido surgen diversas preguntas más. ¿Cómo es posible que durante tantos años se haya podido mantener la mentira sin que nadie sospechara lo más mínimo. El periodismo, que también falló en un principio apuntándose al carro de la sensiblería (una sensiblería que da audiencias muy rentables a las televisiones), ha servido finalmente para destapar el burdo montaje que en algunos de sus capítulos llega a sonrojar. Ahora, a pelota pasada, se apela de manera general al elevado nivel de nuestra sanidad pública. Realmente es así, pero tampoco es menos cierto que hay algunos tratamientos, o el coste colateral de los mismos para los familiares, que no son atendidos por la Seguridad Social. Hay muchos padres y madres coraje que luchan por el bienestar de sus hijos enfermos y que precisan ayudas que no les llegan por los conductos oficiales. A todos ellos el caso Nadia les ha producido un daño enorme. En cualquier caso deberíamos aprender de lo sucedido y disponer de mecanismos para que los llamamientos a la solidaridad pública tuviesen los avales pertinentes de fiabilidad.

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