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Los huevos y la tortilla

Nos han impactado, aunque fueran esperados, los resultados recientes en las elecciones a la Comunidad de Madrid, a unos de manera gozosa, a otros de manera crítica, por resumirlo

Manuel Rivera Moral

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Manuel Rivera Moral. Foto: DT

Manuel Rivera Moral. Foto: DT

En política, hemos cascado muchos huevos pero, tal vez, no hemos hallado la tortilla. ¿La hallaremos? Quién sabe. Queremos creer que sí. Seguiremos esforzándonos.

Isaiah Berlin, basándose en Kant, hablaba en un ensayo del «fuste torcido de la humanidad» y se preguntaba «de algo que es torcido, ¿se puede hacer algo recto?». Pues resulta muy difícil, pero estamos obligados a hacer lo que podamos hacer.

La política dura toda una vida.Nos han impactado, aunque fueran esperados, los resultados recientes en las elecciones a la Comunidad de Madrid, a unos de manera gozosa, a otros de manera crítica, por resumirlo. Ha sido claramente una victoria del PP –llámesele derecha, centroderecha o extremaderecha–. El pueblo ha hablado.

Quiero creer que, salvo algunas excepciones, todos buscamos el progreso, unos de una manera, otros de otra. En una entrevista, el exmandatario uruguayo José Mujica (sin acento) reconoció que en las reuniones internacionales se hablaba de pobreza y de desequilibrios, fueran del signo que fueran los presidentes, además de las recetas para combatirla, y al margen de si algunos lo hacían por seguridad y/o por solidaridad y/o por necesidad.

Sin incurrir en buenismos, quiero creer que una mayoría busca lo mismo: la justicia social y el progreso. Donald Trump ya no es presidente, pero otros individuos peligrosos gobiernan el mundo o un país o una región o una institución local, y algunos hasta en gobiernos «democráticos». El que vivamos en democracia no quiere decir que todos sus pobladores lo sean.

Nos ha impactado –aunque también fuera esperado– la dimisión de Pablo Iglesias, como nos impactó la anterior de Albert Rivera, paladines de lo que se conocía como «nueva política» y que, en realidad, no lo era tanto.

Ahora bien, ahora pareciera que Pablo Iglesias fuera el toro que mató a Manolete, «el chivo expiatorio», según sus propias palabras. Esta figura mítica, en otras convocatorias, le ha correspondido a otros. La tarea del héroe es ardua y, por lo general, no acaba bien y acaba quemándose. Los héroes también son humanos. En la Antigua Roma, cuando un general desfilaba victorioso por las calles, un siervo por detrás le advertía «recuerda que eres un hombre». El joven Pablo Iglesias lo ha olvidado en más de una ocasión con su «soy el más listo de la clase», o «campeón de los debates» (por otra parte, pecado de juventud ridículo de los demás rivales: llámese Pedro Sánchez, Pablo Casado, Albert Rivera o Santiago Abascal, que a veces, algunas veces, parecen torrentes de palabras en un desierto de ideas). Que descanse en paz, y lo digo sin ironías. Ha servido y servirá a este país.

Pero en estas elecciones ha habido muchos más elementos que requieren un análisis sosegado y riguroso: la situación actual con la pandemia, la estrategia equivocada del PSOE y de Ángel Gabilondo, la fractura hace unos años de Podemos y Más Madrid, la provocación de Vox, el hundimiento de Ciudadanos por errores propios y el abandono de su propio electorado, el reforzamiento de Isabel Díaz Ayuso con sus para unos aciertos y para otros errores: su nacionalismo a la madrileña combinado con su españolismo, su desafío al gobierno del país, sus mensajes claros, sus comentarios de tipo personal, su guapura, su apropiamiento de esa palabra tan hermosa como es «libertad». Pero pasemos página, que gobierne lo mejor que sepa y la oposición sea la leal oposición. En democracia son importantes los contrapesos.

Trabajar de otra manera

Quizá sean tiempos, en España, para recordar aquel proverbio de Gandhi de «ojo por ojo, y todo el mundo acabará ciego». Para seguir recuperando la memoria democrática –compatible con echar doble llave al sepulcro de Franco–. Para luchar por la igualdad de sexos. Para combinar recuperación económica y protección del medioambiente. Para resolver científica y socialmente el peligro del virus. Para buscar un pacto territorial en el que una gran mayoría nos sintamos cómodos. Para ser solidarios con los que lo pasan peor que nosotros (de este y de otros países). Para dialogar con el que no piensa como nosotros. Para amarnos como pueblo. Tenemos los medios, está a nuestro alcance.

En la vida, pese a nuestra lógica binaria, ni todo es blanco ni es negro, ni siquiera gris (hay infinidad de colores en el mundo). En política y en otros ámbitos se requiere trabajar de otra manera dada la complejidad actual. Se requieren equipos y no tanto héroes o heroínas. Se requiere un punto de innovación. Existe la selección de las mejores ideas. Existe la construcción social del conocimiento (la wikipedia es un ejemplo). Que este conocimiento nos lleve a un mundo si no fácil, sí más humano. Cuando cayó el Muro de Berlín y Fukuyama anunció el fin de la historia, Octavio Paz dijo: «Las respuestas han fallado, las grandes preguntas continúan».

Me resisto a pensar que el hombre sea un lobo para el hombre, que parecer o tener sea más importante que ser, que estemos en un mercado de consumo rápido (también de personas) y nada más. Soy idealista, ¿y qué? También abro con gusto la persiana cada día para trabajar con mis compañeros y he de lograr resultados. Soy autónomo.

Manuel Rivera es periodista y director de Silva Editorial. Ha trabajado como redactor y dirigido diversos medios y empresas de comunicación. Tiene publicadas varias obras de poesía, narrativa y divulgación –en lengua catalana y castellana– por las cuales ha recibido varios premios. Fue concejal de Vila-seca y diputado provincial.

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