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Los límites de Artur Mas

Los catalanistas templados censuran a Mas que supedite su interés al de Catalunya

Pedro Villalar

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Artur Mas, quien mantenía un discurso autonomista y moderado que puede verse en las hemerotecas, emprendió a partir de 2010, con el argumento de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Esttuto, una carrera desenfrenada hacia la radicalización y la independencia que no conoce límites y que desborda todos los cauces de racionalidad que pudiran imaginarse.

Primero, rompió con sus propios criterios, declarándose independentista, todavía de la mano de Jordi Pujol, que hizo lo propio cuando vio que su táctica del ‘piex al cove’ se había agotado y no había más ubres de las que muñir dádivas y competencias nuevas. Después, ya en la carrera desenfrenada hacia el soberanismo, propuso la vulneración de la legalidad, camino en que no le acompaño Unió Democrática de Catalunya, lo que produjo la ruptura de la coalición ue había construido la Ctauña moderna. Finalmente, parece decidido a echar por la borda su ideario liberal, moderado y centrista para abrazar, si hece falta, el radicalismo asambleario de la CUP, que es antieuropeísta, antioccidental, anticapitalista.

Discretamente, en medio de la marea turbulenta del soberanismo que da muestras de una alocada embriaguez, los propios catalanistas templados de toda la vida afean a Mas esta huida hacia delante, en pos de conservar el poder a toda costa, y le censuran la falta de principios y la supeditación del interés de Cataluña a su propio interés.

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