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Opinion EDITORIAL

Los neonazis entran en el Bundestag

Alternativa para Alemania recupera el concepto de raza, se opone a la inmigración y algunos de sus líderes son revisionistas respecto al Holocausto. Para preocuparse

Diari de Tarragona

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Meerkel afronta un complicado equilibrio parlamentario. EFE

Meerkel afronta un complicado equilibrio parlamentario. EFE

Con el recuento de votos todavía en caliente el análisis del panorama alemán tras las elecciones del domingo no invita a muchas alegrías. De momento, con la simple contemplación de los datos, hay que manifestar profunda contrariedad, que es incluso independiente de la inclinación ideológica general que ha expresado el electorado germano. Porque hay dos malas noticias evidentes: de un lado, el descenso en picado de los apoyos recibidos por los grandes partidos de centro-derecha y centro-izquierda que han sustentado el régimen alemán desde el fin de la Segunda Guerra Mundial: la suma de los votos obtenidos por la CDU/CSU y el SPD se ha desplomado: del 67,2% en 2013 ha pasado al 53,5%. Y, de otro lado, el surgimiento con el 13% de los votos de la Alternativa para Alemania (AfD), un grupo neonazi que recupera el concepto de raza (postula políticas de natalidad no para equilibrar la demografía sino para preservar el genotipo racial), se opone a la inmigración y al islamismo, y algunos de sus principales líderes son revisionistas en lo referente al Holocausto y al papel de la Alemania nazi en el genocidio de la Segunda Guerra Mundial. Por cierto, que la irrupción neonazi en el parlamento no podía ser más tormentosa. La copresidenta de la AfD y uno de los rostros más mediáticos de esa formación política, Frauke Petry, anunció ayer lunes por sorpresa que no se unirá al grupo parlamentario de su partido en el Bundestag. Petry, que se levantó de la sala sin esperar a las preguntas, explicó que los disensos dentro del partido no son un problema cuando se está en la oposición, pero sí cuando se quiere llegar al Gobierno, lo que es su objetivo, por lo que ha preferido no sentarse en el Bundestag junto a sus compañeros. Empiezan bien. Si a todo ello se añade que los liberales del FDP, con los que tendrá que pactar Merkel, reclaman la cartera de Finanzas, se oponen a las reformas europeas y postulan incluso la salida temporal de Grecia de la Eurozona, se entenderá que muchos sientan una intensa decepción ante los derroteros emprendidos por Alemania.

 

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