Opinion Editorial

Los pactos de reconstrucción y la unidad

Nos ofendemos cuando alguien insinúa que las ayudas deben vigilarse, pero damos pie a la desconfianza

Diari de Tarragona

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Foto: Wikipedia

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Resulta decepcionante que esa rivalidad malsana que impera en el Congreso y entre la clase política no haya cedido al estallar la pandemia, una coyuntura en que la compasión debió haberlo invadido todo porque el drama ha sido muy atroz para mucha gente. Lejos de aparecer un espíritu pacificador y cooperativo, sus señorías no han dejado de arrojarse los trastos a la cabeza, sin disimular siquiera que el poder es en todo caso más importante que el país. Y tampoco ha habido ambiente para concluir con dignidad unos pactos para el día después, para la reconstrucción de una nación asolada por la muerte y devastada por el cese de la actividad económica. El presidente del Gobierno propuso a tal fin una especie de reedición de los Pactos de la Moncloa. El líder de la oposición propuso la formación de una comisión parlamentaria en el Congreso, y a eso se ha ido: por la comisión de reconstrucción, que se ha reunido durante dos meses, han pasado 150 personalidades expertas y se han analizado 600 aportaciones de la sociedad civil. Los temas planteados para el debate se han dividido en cuatro bloques: reactivación económica, Unión Europea, sanidad pública y políticas sociales, y se ha conseguido la aprobación por el plenario de los tres primeros pero no del cuarto. En cualquier caso, de la gran disparidad de las alianzas coyunturales se desprende que no hay una posición relativamente común del país ante la ardua tarea de resucitar. Después de conseguir que la Unión Europea, en un hito histórico, salga en socorro de los países más dañados por la grave crisis y que España vaya a recibir 140.000 millones de euros, la mitad a fondo perdido, no se está consiguiendo generar internamente un clima receptivo que asegure el buen fin de estos recursos. Nos ofendemos, seguramente con razón, cuando alguien insinúa que estas ayudas deberían concederse con una clara condicionalidad para que haya certeza del buen fin de los recursos. Y sin embargo damos pie a la desconfianza. ¿Cómo no ven los principales responsables del mal clima el perjuicio que causan a este país?

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