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Los partidos siguen peleando en nuestro nombre. Más que nunca necesitamos las urnas para ver qué hacemos con ellos

Sentido común. Con la pandemia en pleno pico los políticos catalanes deberían o ponerse de acuerdo en un aplazamiento temporal de las elecciones o en garantizar las condiciones sanitarias para el ejercicio del voto

Javier Pons

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Los partidos siguen peleando en nuestro nombre. Más que nunca necesitamos las urnas para ver qué hacemos con ellos

Los partidos siguen peleando en nuestro nombre. Más que nunca necesitamos las urnas para ver qué hacemos con ellos

Como si no tuviéramos bastante con las disputas partidarias por la hora de queda ahora nos llega en Catalunya un problema añadido. ¿Quién lo ha creado? Los ciudadanos? No, claro por supuesto que no. Lo han creado los políticos con la reyerta electoral sobre si deben celebrarse las elecciones el 14-F o no.

Si no hubiera un tufo a manipulación en algunas de las posturas el tema sería fácil. Con el panorama de la pandemia en pleno pico (esta semana es la primera en la que en Catalunya han bajado ligeramente los contagios que no la saturación en las UCIS) deberían o ponerse de acuerdo en un aplazamiento temporal o en poner las condiciones sanitarias necesarias para garantizar el libre ejercicio del voto. En Portugal y en otros países se está votando en similares condiciones a las nuestras. Pero tanto en una como en otra postura sospecho que hay razones escondidas…

Un Govern que ha sido incapaz de gobernar en tres años, en dar a los ciudadanos primero una hoja de ruta sobre cómo convivir entre las dos ideas -ninguna mayoritaria- de seguir en España o independizarse y que luego no ha dado una respuesta a la altura ante la pandemia que tantos gobiernos ha arrollado, pretende ahora esperar a mayo-junio.

Pero uno no sabe si es que esa herencia desperdiciada de los tres años les proyecta unos malos resultados electorales o es que realmente temen por la seguridad de los ciudadanos.

En el otro lado, el gobierno español (aunque el recurso lo ha interpuesto el PSC) que ha decidido sacrificar al eterno candidato y fiel aliado de Sánchez, Miquel Iceta, por el ministro de Sanidad, Salvador Illa, que, dentro de la desorientada gestión general de la pandemia para algunos ciudadanos al menos ha mantenido una cierta compostura de dignidad al servicio público evitando enfrentamientos y ese elevado tono de discurso políticos que tanto daño nos ha hecho. Y claro, da la sensación de que quiere aprovechar el viento de cola que lleva el ministro para no perder el momentum.

En medio de ambas partes, el resto de partidos que optan casi todos por el aplazamiento en función de sus previsiones y también de sus fobias particulares.

Y en su atalaya poderosa, el poder judicial al que estamos sometidos y que ha admitido el recurso del PSC al mantener la fecha electoral recurriendo la decisión de la Generalitat.

Lo que sonroja de esta decisión del Tribunal Superior de Justícia de Catalunya es que anuncia que antes del 8 de febrero confirmará o no su decisión. Es decir, que si agotan el plazo, harán su anuncio en plena campaña electoral que se puede ver suspendida si al final le dan la razón al Govern. Por lo tanto hay argumentos políticos y no sanitarios detrás de esta polémica tan estéril como la que enfrenta al gobierno central con las autonomías por la dichosa hora del toque de queda. Que también el todavía ministro pero pronto candidat sigue con un empeño y una tozudez incomprensible negando modificar los términos legales del estado de alarma.

En fin, que desgraciadamente volvemos a ver cómo juegan los políticos con nuestras libertades y con nosotros insultándonos cuando aluden a que por encima de todo lo hacen por nuestra seguridad.

Un catálogo de disparates que deberían habernos ahorrado para que pudiéramos concentrarnos en mantenernos a salvo del cada vez más agresivo virus.

El día que escribo este artículo hemos alcanzado la media de 400 muertes y subiendo y esta nueva cepa que campeará entre nosotros hasta marzo está llenando las UCIS de enfermos. Es verdad que causa menos mortalidad pero mayor contagio con lo que está consiguiendo poner en cuestión las cambiantes decisiones de nuestros gobernantes.

Hasta la intrépida presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, defensora de las libertades y adalid del bocadillo de calamares santo y seña madrileño y estandarte de la gastronomía, ha mandado a un consejero suyo a anunciar que adelanta el toque de queda a las 22 horas, el cierre de los bares a las 21 horas y restringe las reuniones de no convivientes en los domicilios.

Eso sí, en Madrid puedes contagiarte con un no conviviente tomando una cañita o degustando un bocata de calamares en cualquier bar: todo muy lógico.


Periodista. Javier Pons inició su carrera en Radio Reus. Ha sido director de ‘El Terrat’, director de TVE y CEO de Prisa Radio. Actualmente dirige la productora Globomedia (Mediapro).

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