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Los principios del desarrollo y del cambio

No sabremos qué partidos son los correctos hasta que sepamos su programa

Josep Muñoz i Gràcia

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El falso encanto de la ética de la personalidad, su atractivo general, consiste en pretender alcanzar la calidad de vida de una forma rápida y sencilla, efectividad personal y relaciones ricas y profundas con otras personas, sin pasar por el proceso natural del trabajo y desarrollo que la hace posible.

Es un símbolo sin sustancia. Es el esquema de ‘Conviértase en millonario en una semana’ que promete ‘riqueza sin trabajo’ .Y podría incluso tener éxito, pero seguiría siendo un esquema.

La ética de la personalidad es ilusoria y engañosa. Y tratar de alcanzar resultados de calidad con sus técnicas y arreglos transitorios, es más o menos tan efectivo como tratar de llegar a algún lugar de Barcelona usando un plano de Sevilla. Hoy en día nos encontramos con individuos que se comportan como un autómata, que no se conocen ni comprenden a sí mismo, y que la única persona que conocen es la que suponen que son ellos mismos, cuya sonrisa sintética ha reemplazado la risa auténtica y cuya sensación de oscura desesperación ha ocupado el lugar del dolor auténtico. En toda la vida hay etapas secuenciales de crecimiento y desarrollo. El niño aprende a darse la vuelta, a sentarse, a gatear, y después caminar y correr. Todos los pasos son importantes, y todos requieren su tiempo. No es posible saltarse alguno. Esto, creo, es cierto en todas las fases de la vida, en todas las áreas del desarrollo, ya se trate de tocar el piano o de comunicarse efectivamente con un compañero de trabajo. Esto vale para todos los individuos, los matrimonios, las familias, las empresas, etc. En consecuencia, a veces buscamos un atajo, esperamos poder saltarnos alguno de esos pasos vitales, para ahorrar tiempo y esfuerzo y cosechar de todos modos el resultado deseado.

Pero ¿qué sucede cuando intentamos saltarnos un proceso natural en nuestro crecimiento y desarrollo? Si uno es solo un jugador de tenis mediocre pero decide mejorar su juego para causar una mejor impresión, ¿cuál será el resultado?, por solo pensarlo ¿nos permitirá competir efectivamente con un profesional? ¿Qué sucede si uno hacer creer a los amigos que toca el piano como un concertista, cuando en realidad, y por el momento, toca como un principiante? Las res- puestas son obvias. ‘Simplemente’ es imposible violar, ignorar o abreviar el proceso de desarrollo, porque es contrario a la naturaleza, y los presuntos atajos no pueden conducir más que a la decepción. En estos momentos cruciales en el cambio de política, necesarios para conseguir un desarrollo y cambio, que resuelva la falta de equidad en la misma, es superurgente clarificar los principios básicos de cada formación política, para llevar a cabo los ajustes necesarios para el buen funcionamiento general

Yo comparo a los partidos políticos como cuando compro un libro, jamás pongo mi nombre en él hasta después de haberlo leído y entendido. Y digo es mío. Igualmente no sabremos qué partidos son los correctos y leales hasta que sepamos si sus programas-realizaciones, promesas-propuestas son una realidad.

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