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Luispi

Rafael Servent

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No es la primera vez que Luis Pineda, presidente de Ausbanc, entra en la cárcel. Antes de fotografiarse sonriente con gobernadores del Banco de España y banqueros amigos como Emilio Botín, Luis Pineda era Luispi, el alias que utilizó entre finales de los setenta y principios de los ochenta cuando militó en el grupo terrorista de ultraderecha Frente de la Juventud, una escisión armada de Fuerza Nueva considerada durante aquellos años como una de las bandas más violentas después de ETA. Cuando Luispi entró en la cárcel por primera vez corría el año 1982 y hacía pocos días que el Frente de la Juventud había conmemorado el primer aniversario del intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 con el lanzamiento de cócteles molotov, que él había liderado.

Poco después, Luispi montaba Ausbanc con otros exmilitantes de la banda y llevaba su matonismo al terreno de la defensa de los consumidores de servicios financieros. En función del grado de cesión a sus extorsiones, las entidades pasaban a ser amigas o enemigas. Y así durante décadas. Hasta que, con todo el mundo hasta las cejas de corrupción y con el recurso a la violencia física cada vez más en desuso, Luispi se pasó al negocio de la judicialización. Todo está judicializado, y el matonismo no tenía que ser menos.

Contactó con un experto en ello: Miguel Bernat. Tras fracasar en política con el Frente Nacional de Blas Piñar, heredero de Fuerza Nueva, Miguel Bernat montó un sindicato al que llamó Manos Limpias, con el que empezó a hacer negocios sucios a base de acudir a los tribunales y retirar demandas previo cobro. Les fue bastante bien. Hasta que, tras lustros de lucrativo negocio a la vista de todos, hace unos días ya no les dejaron más. Se les acabó el invento. Razones hay.

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