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Mala salud democrática

Es necesario que las elecciones primarias se institucionalicen en todas las formaciones, se homologuen y se lleven a la ley de Partidos
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El espectáculo deparado por los grandes partidos en la formación de las listas en Madrid ha permitido consolidar el negativo diagnóstico sobre la salud democrática de nuestro sistema de representación. En el caso del PSOE, no ha funcionado el modelo de primarias establecido y la dirección federal tuvo que aplicar medidas quirúrgicas para renovar la candidatura a la presidencia de la Comunidad. En el caso del PP, el espectáculo ha sido lamentable, y ni siquiera el ‘dedazo’ ha logrado imponerse con la discreción que sería adecuada a este procedimiento inconveniente. Esperanza Aguirre, finalmente señalada por la jerarquía, ha tenido que pugnar por la cuota de poder que finalmente se le atribuía. El otro candidato, todavía presidente en funciones de la comunidad autónoma, ha sido víctima de sus propios errores, amplificados por potentes andanadas de ‘fuego amigo’. En Izquierda Unida, la candidata elegida en primarias dimitió al poco tiempo. Es evidente que la provisión de candidatos por el método autoritario de designación directa por la cúpula ya no es tolerado por la militancia por lo que se imponen progresivamente las primarias. Pero ya no basta con esta condescendencia de los aparatos, urgida por la presión de los electores: es necesario que las primarias se institucionalicen, se homologuen y se lleven a la ley de Partidos para que se conviertan en obligatorias y estén perfectamente tasadas en la norma.

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