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Opinion editorial

Malos tiempos para el diálogo

Tras la ruptura de ayer, no habrá recuperación del diálogo hasta que pase el juicio y amaine la exitación callejera

 

Diari de Tarragona

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La ministra de la Presidencia, Carmen Calvo, anuncia la ruptura de negociaciones. EEFE

La ministra de la Presidencia, Carmen Calvo, anuncia la ruptura de negociaciones. EEFE

Ni la mente más perversa podría imaginar un escenario menos propicio para el diálogo político. A las puertas del juicio que sentará en el banquillo a medio Govern de la Generalitat y a la presidenta del Parlament de Catalunya, la vigilia de sendas manifestaciones de máxima confrontación, y en medio de un cruce continuado de declaraciones a cual más beligerante, es de ilusos esperar que pueda fructificar el más mínimo intento de acuerdo. No es de extrañar que la tímida aproximación entre los dos gobiernos saltara ayer por los aires con mutuo intercambio de culpabilidad. Dos horas después de que la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, asegurara que el independentismo no ha aceptado el marco diálogo propuesto por la Moncloa, Pere Aragonès, y la consellera de Presidència, Elsa Artadi, comparecían para dar por concluido el diálogo entre los dos ejecutivos. Artadi ha lamentado que el Estado español haya decidido «abandonar el diálogo» y que el PSOE «haya decidido ceder ante aquellos están en contra de la democracia, en contra del diálogo y ante aquellos que están en contra de hacer política». Pretender que el gobierno de Pedro Sánchez aceptara las exigencias independentistas era sencillamente iluso. Artadi se ha defendido al asegurar que el Govern siempre ha estado dispuesto al diálogo y ha responsabilizado nuevamente al Ejecutivo español de la ruptura. «En las últimas horas el Gobierno tenía prisa para cerrar un acuerdo que estaba lejos de poder cerrarse», ha remarcado Artadi, dando a entender que el Gobierno español ha actuado bajo presión. No podía ser de otra manera. Si realmente se quiere avanzar hacia un acuerdo, ambas partes deben renunciar a sus posturas de máximos y centrarse en una primera fase en aquellos puntos en los que puedan conjugar los intereses. Pretender salvar de entrada el principal escollo de la negociación es renunciar a cualquier avance. Tras la ruptura de ayer, no habrá recuperación posible hasta que pase el juicio y amaine la exitación callejera. No queda más que esperar.

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