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Manipular y negociar

Si Tsipras consigue un trato más de favor, estará abonando a los populistas españoles
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La jugada del primer ministro griego, Alexis Tsipras, ha tenido efectos directos dentro y fuera de Grecia. La primera consecuencia es la dimisión del polémico ministro de Economía, Yanis Varufakis, para facilitar al primer ministro las negociaciones con Bruselas. Era una exigencia común de los negociadores del Eurogrupo, del Banco Central Europeo y, sobre todo, del Fondo Monetario Internacional por la actitud de Varufakis que había desencadenado pésimas relaciones personales, tanto por sus insultos en medios de comunicación como por sus intervenciones desafiantes y descalificadores que rayaban en la ofensa personal.

La celebración de un referéndum como el griego no es un acto democrático donde se da participación a los ciudadanos en una situación complicada para su presente y su más inmediato futuro. Se ha tratado de una dejación de responsabilidades de un primer ministro populista que ha apostado por el apoyo popular como arma de presión y de negociación con sus acreedores, que antes eran sus socios. Esa manipulación ha obtenido unos resultados previsibles porque la tentación de evitar esfuerzos y reformas es grande, pero introduce un precedente discriminatorio en una Unión Europea donde millones de personas lo han pasado muy mal, y todavía sufren una precariedad indignante. Españoles, portugueses, irlandeses etc. estarían invitados a exponer todas las quejas posibles ante la diferente vara de medir a la hora de superar la crisis y afrontar el pago de las deudas. Sin duda, si Tsipras consigue un trato más de favor, otra quita de la deuda y condiciones demasiado favorables en su ardua negociación con las instituciones acreedoras, estará abonando una situación ideal para los populistas españoles que no tienen el más mínimo pudor en lanzar promesas que saben perfectamente que son absolutamente inviables pero que sirven para canalizar el malestar creado entre otras razones por la corrupción, y lograr muchos votos. Hay muchos intereses cruzados y responsabilidades en todos los bandos porque Alemania y Francia no pueden negar que era conocida la precariedad griega antes de su ingreso en la UE y en el euro.

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