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Mareado con la Casa de la Festa

Hace varios sábados reaparecieron las vergonzantes goteras en la Casa de la Festa
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Hace varios sábados reaparecieron las vergonzantes goteras en la Casa de la Festa. Uno se imagina llevando allí a familiares o amigos venidos de lejos con la intención de presumir de cultura popular pero teniendo que ruborizarse, dar explicaciones y casi pedir disculpas al encontrarse con charcos y filtraciones. Y lo peor es que las goteras son sólo la punta del iceberg en la notable lista de deficiencias de un recinto que exige con urgencia una profunda reforma.

Por eso me pareció un acierto que, a los pocos días (el 26 de marzo), compareciera el equipo de gobierno municipal, con la concejal de Festes, Begoña Floria, a la cabeza, anunciando esa inversión, esa reforma que la Casa de la Festa está pidiendo a gritos. Aquel día no se concretó ningún presupuesto, pero de lo anunciado –y, sobre todo, que se produjera al poco de ser noticia las goteras– se deduce que se aspiraba a una remodelación relevante, notoria, que convirtiera el espacio en esa joya que, por potencial y valor patrimonial de nuestra Festa, puede llegar a ser.

Pero como el resultado del concurso de ideas sobre el Jaume I sugiere que en el no–parking se instale un equipamiento «cultural, social, educativo o de ocio», al consistorio se le ha ocurrido trasladar allí la Casa de la Festa. Menos de 30 días después de anunciar una reforma en el inmueble de la Via Augusta, y sólo a partir de una definición tan vaga como la de la encuesta, el ayuntamiento ya tienen clara su opción. No sé si me tranquiliza que mis gobernantes cambien así de rumbo, basándose en el diagnóstico inconcreto de una encuesta que respondieron 239 personas.

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