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Margallo y Grecia

Con las ayudas proporcionadas a Bankia también podría haberse financiado el desempleo otro año
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La presión del Eurogrupo para que el gobierno griego tire la toalla, pida una ampliación del rescate, respete los compromisos de pago adquiridos, no aplique ninguna quita y mantenga la austeridad ha llegado a tales extremos en los últimos días que nos ha dejado perlas para el recuerdo. Una de ellas, la del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo, que afirmó que con el dinero prestado a Grecia (según él, más de 32.000 millones) se podrían haber subido las prestaciones por desempleo un 50% o incrementar las pensiones un 38%. ¿Hay algún alma de cántaro que crea que ese era el dilema al que se ha enfrentado en algún momento el Ejecutivo de Rajoy: créditos a Grecia o pensiones, créditos a Grecia o ayudas al desempleo?

Lo que no dijo el ministro es que con las ayudas proporcionadas a Bankia (hasta ahora a fondo perdido y después de que su excúpula tirara de tarjetas black para todo tipo de suntuosos gastos personales) también podría haberse financiado el desempleo otro año, por ejemplo. Y la sangría de dinero público dedicada a la entidad que llegó a presidir Rodrigo Rato, no se ha detenido. No en vano, el Gobierno ha decidido que serán los ciudadanos quienes asuman la mayor parte del coste por las posibles consecuencias judiciales de la salida a Bolsa de la entidad: incremento de dinero de todos que podría haberse empleado, según las declaraciones del titular de Exteriores, a pensiones o parados.

Tales analogías solo pueden entenderse en una nueva necesidad de nuestros líderes políticos de presumir de ser más papistas que Merkel y de colocar a De Guindos como presidente del Eurogrupo. No está bien aleccionar como el que más sólo porque aquí se han aplicado reformas y acatado a pie juntillas la política de austeridad. Porque aunque muchos tenemos claro que la negociación con Grecia tiene bien poco que ver con la economía y sí con demostrar quién da las órdenes, también lo es que los ciudadanos toman nota y empiezan a estar hartos de la poca cintura y de la imposición sin mucho más debate.

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