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Me atrevo a hablar de violencia en la pareja

Mireia Ortiz

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Me atrevo a hablar de violencia en la pareja

Me atrevo a hablar de violencia en la pareja

Leí en un artículo que la reincidencia de la violencia de género podría evitarse instaurando la cadena perpetua para los casos más graves. Cierto es…, como cierto es que con la cadena perpetua podría evitarse la reincidencia de cualquier delito, simplemente porque ya no existiría la opción de delinquir nuevamente. Aún así, la cuestión de la reincidencia no depende únicamente de las penas correspondientes. Una pena leve merece una sentencia leve atendiendo al principio de proporcionalidad. En mi opinión, es difícil que una sentencia por sí misma evite cualquier reincidencia, porque un castigo no suele provocar un cambio integral; el refuerzo negativo está sobrevalorado. La reincidencia es un concepto complejo en el que intervienen una gran variedad de factores que hay que tener en cuenta para prevenir nuevos delitos.

Mi formación profesional, evidentemente, influye en mi opinión, si así no fuera, supongo que habría dejado de creer en la rehabilitación penitenciaria. Así, entiendo, que una intervención integral a nivel personal y social, puede ayudar a prevenir la reincidencia una vez cumplida la sentencia que uno merece.

Remitiéndome de nuevo al artículo que leí, puedo aceptar que una publicidad desmesurada provoque efecto espejo y suscite el deseo de imitación como válvula de escape a una situación de ira descontrolada. El sensacionalismo nunca ha sido beneficioso para el progreso humano pero, en ocasiones, sí puede ser útil para crear conciencia de alarma en aquellas personas que puedan estar viviendo una relación de maltrato. Como todo, los excesos no son buenos y las cosas hay que mantenerlas y usarlas a un nivel útil y racional.

Violencia de género es una denominación que no me gusta personalmente porque, en mi opinión, no define correctamente lo que la mayoría damos por sentado cuando se habla de ello. Las personas atendidas judicialmente bajo el paraguas de la violencia de género, presentan muchas más características que las que comprende estrictamente una violencia por motivos de género. He podido ver en aumento como la violencia se manifiesta cruzada y ejecutada, tanto por el hombre, como por la mujer, aunque con diferentes matices. Yo me atrevería a hablar de violencia en la pareja, partiendo de la base que la pareja es un sistema compuesto por dos miembros, que desempeñan acciones y omisiones violentas que desencadenan en una espiral de violencia sin fin hasta que llega un fin. Necesitamos un sistema judicial preparado para tener en cuenta las variables de un sistema familiar como la pareja además de las diferencias de género.

En la violencia de pareja, se pueden observar importantes carencias a nivel individual, como falta de autoestima, problemas para controlar la ira y otras emociones negativas, limitaciones para resolver los conflictos y distorsiones sobre el mundo de la pareja y/o los roles de género. Estas carencias personales se topan con soluciones de afrontamiento erróneas pero que repetimos porque se han considerado válidas por nuestra sociedad y nuestro entorno cultural: “uno tiene que defenderse”, “los celos son señal de amor”, “no me controla que se preocupa por mí”, y otras, que evidentemente, juegan en contra de una dinámica sana en la pareja. Así lo que nos parece lógico, suele alimentar el conflicto y las conductas problemáticas. Citando a Oscar Wilde con las mejores intenciones se consiguen los peores resultados.

También me siento obligada a reconocer que las intervenciones existentes no previenen la violencia todo lo que desearíamos, pero creo que estamos en un buen camino que hay que seguir construyendo. Lo que sí puedo atestiguar con todo mi corazón y raciocinio, es que la prevención, tiene que ser la principal estrategia a cuidar, mimar, fomentar, potenciar y desarrollar. La PREVENCIÓN des de la infancia y la adolescencia, desde la familia y la educación, desde la publicidad o desde la opinión en un medio de comunicación.

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