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Opinion EDITORIAL

Menos procés, más pactos

No sería conveniente que la suerte del 21-D contaminara los pactos municipales en los distintos ayuntamientos

 

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Collboni explica su salida del gobierno municipal de Barcelona. EFE

Collboni explica su salida del gobierno municipal de Barcelona. EFE

Catalunya ha entrado en convulsión electoral. Dadas las circunstancias, es una buena noticia. La fuerza mediática del procés disminuye a la misma velocidad que aumenta el debate sobre la formación de candidaturas y la especulación sobre futuros pactos de gobierno. Cada vez crece con mayor sinceridad la autocrítica de los independentistas e incluso Carles Puigdemont ha abierto la puerta a pactar una solución con el Estado que no pase por la independencia. Son los primeros síntomas claros de que el 21-D abrirá una nueva etapa política en Catalunya en la que ya no se hablará de independencia, al menos por un largo período de tiempo (si nos atenemos a la manida cita histórica atribuida a múltiples personajes, estaríamos hablando de otros 50 años). Después serán los resultados electorales los que marcarán las posibilidades combinatorias de pactos de gobierno. El hecho de que las formaciones independentistas no concurran en una sola candidatura abre múltiples posibilidades de cruce. También ha añadido un nuevo factor a contemplar la ruptura de Ada Colau con el PSC en el Ayuntamiento de Barcelona, decisión que no ha sentado bien a los socialistas y que puede comprometer los futuros pactos en la Generalitat. El líder socialista Miquel Iceta ha llegado a decir que «entre Barcelona y la independencia, Colau ha escogido la independencia» y que «ya no podrá mirar igual» a los comunes. 
Es práctica habitual en nuestros usos de la política que los pactos entre formaciones contaminen distintas instituciones. Sin embargo, si alguna administración debiera quedar a salvo de diferencias ideológicas es la municipal. En los ayuntamientos se dilucidan cuestiones domésticas que no atienden al marco ideológico de otros foros como el Parlament y las Cortes. No es buena práctica que un sillón municipal sirva de moneda de cambio para obtener otros privilegios. Cada ayuntamiento debe regirse por el interés de cada ciudad, sin cambalaches. No sería de recibo extender la suerte del 21-D a la política municipal.

 

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