Mercadeo político

ÁLEX SALDAÑA

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Resulta muy difícil recuperar la fe en nuestros representantes públicos cuando la política se convierte en un mercado donde todo se puede cambiar, donde lo que antes era pésimo e inaceptable se transforma por arte de birlibirloque en un «acto de responsabilidad» y donde, en definitiva, se hace bueno aquel adagio de Groucho Marx: «Tengo unos principios, pero si no le gustan, tengo otros». Es lo que ha pasado con las formas en el tema de los presupuestos de la Generalitat, más allá de que sea bueno tener presupuestos. Tras el veto de la CUP, el Govern los acuerda con los comuns a cambio de que ERC levante su enmienda a la totalidad a las cuentas de Barcelona –permítanme recordar aquí aquello que cantaba el gran Javier Krahe: «Lo que antes ser muy mal, permanecer todo igual, hoy resultar excelente. Hombre blanco hablar con lengua de serpiente…»–. Y Junts, partido que forma parte del Govern y que, por tanto, es de suponer que algo habrá tenido que ver en la confección de los presupuestos, considera inaceptable el apoyo de los comuns, porque, si bien reconoce que «el preacuerdo no representa un giro de 180 grados de las cuentas, sí altera la mayoría de la investidura, cosa que es políticamente relevante y debe tener consecuencias». Vamos a ver; si los presupuestos son tan buenos, ¿no era una prioridad aprobarlos? Si los de Barcelona eran tan malos según ERC, ¿no es una irresponsabilidad apoyarlos? En fin, me pregunto si en este cambalache de vetos y trueques alguien ha pensado en lo que es mejor para el ciudadano. Porque, aun a costa de pecar de iluso, quiero pensar que a alguien importaremos.

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