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Miedo a la libertad

No sería lógico que la defensa contra los terroristas, contra los enemigos de la libertad, fuera la renuncia a la libertad misma

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Los atentados terroristas acentúan el temor a que se vea atacada la integridad física, con lo que muchos ciudadanos dejan a un lado, al menos de forma provisional, su preferencia por la libertad. Cuanto mayor sea la presión de los terroristas, cuanto más arrojo demuestren en la comisión de sus atentados, más dispuesta estará la gente corriente de nuestras democracias a renunciar a sus espacios de autonomía personal. John Rawls, en su influyente libro ‘Una Teoría de la Justicia’, de 1971, explicaba que «la limitación de la libertad sólo se justifica cuando es necesaria para la libertad misma», y en este aserto se resume la gran paradoja: tenemos que consentir restricciones a la libertad para que el terrorismo islamista, que por fortuna ya es en España el único que tenemos que temer, no se salga con la suya. Pero este criterio tiene que tener límites, ya que no sería lógico que la defensa contra los enemigos de la libertad fuera la renuncia a la libertad misma y el acatamiento del dictado autoritario que se nos quiere imponer. Dicho de otra manera, frente a la horda amenazante, que en los últimos tiempos prodiga sus acciones desordenadamente en los países occidentales para incrementar la sensación de inseguridad, hay que responder con una mínima gallardía. Frente a quienes quieren amedrentarnos, tenemos que ser prudentes pero también que actuar con arrojo y sin apocamiento, dispuestos a vender cara nuestra libertad.

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