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Muerte digital

Rafael Servent

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Francia acaba de erigirse como el primer estado de la Unión Europea que regula por ley nuestra ‘muerte digital’. Ahora que las herencias se están convirtiendo (con suerte) en poco más que una vivienda hipotecada y un coche de segunda mano, podemos dar a nuestros vástagos lo que no pudieron nuestros abuelos. Déjense de joyas, tierras y cuentas corrientes. Lo último es darles en herencia nuestra cuenta... del Facebook. Dejar en nuestras últimas voluntades quién hereda nuestro Twitter, nuestro blog, nuestro canal de YouTube, nuestro perfil en Linkedin, Instagram, Pinterest y hasta Google+.

No está claro si, con esas últimas voluntades, está el derecho a dejar dispuesto que el heredero tenga que colgar el meme de Julio Iglesias diciendo «un día te va a tocar a ti también, Y LO SABES», o la foto de Bárcenas, dedo corazón en alto, con el mensaje que le esté pasando ahora mismo a usted por la cabeza. Lo que sí sabemos es que a los últimos analógicos todo esto les deja con el cuerpo como la foto de Bárcenas.

Estos días juzgan en Londres a la ‘Banda de los jubilados’, un grupo de ladrones de bancos integrado por septuagenarios que, hace apenas un año, perpetró el mayor robo de joyas de Inglaterra con el método tradicional de la peluca, el taladro industrial y el túnel hasta la cámara acorazada. No dejaron ni una huella, no se les vio la cara. Les pillaron con Inteligencia Artificial, rastreando llamadas telefónicas. Hoy, los ladrones de éxito ya no roban joyas a la gente rica en sus bancos. Roban a la gente corriente y lo hacen sin dar la cara: con esa misma Inteligencia Artificial.

Entre rejas, los últimos analógicos no piensan quién heredará su Facebook, sino a quién revelarán el escondrijo del botín que no se ha recuperado. Los tíos raros.

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