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Opinion EDITORIAL

Museu de Lleida y Sijena, más leña al fuego

El traslado de las obras del Museu de Lleida al monasterio de Sijena no se podía hacer peor en tiempo y forma.

Diari de Tarragona

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Las piezas reclamadas ya están en el monasterio de Sijena. EFE

Las piezas reclamadas ya están en el monasterio de Sijena. EFE

Las 44 piezas (menos una extraviada) del monasterio de Sijena, reclamadas por el Gobierno de Aragón a la Generalitat y que se encontraban en el Museu de Lleida regresaron ayer a su lugar de origen tras casi un siglo de peregrinajes y penurias por distintas ciudades españolas. El retorno se hizo de la peor manera posible y en el peor momento sin que hiciera ninguna falta. En primer lugar, el litigio no está cerrado. Sólo se ha cursado la primera instancia judicial por lo que, si los tribunales de apelación cambian la sentencia y dan la razón a la Generalitat, las obras deberán regresar al Museu de Lleida. Si han estado las obras más de medio siglo en Lleida, por supuesto a disposición de todos los estudiosos y visitantes que quisieran contemplarlas, no tiene justificación el apremio. Mayor incomprensión produce que quién autoriza el traslado prematuro es una Generalitat intervenida por el Gobierno central a través del controvertido artículo 155. Si algún papel hubiera sido bueno esperar del Gobierno Central y de su Ministerio de Cultura era una solución arbitral que aportara un final acordado y amistoso entre las partes. Con su actitud, el Ministerio ha tomado parte, con el agravante de dejar indefensos los intereses catalanes. Son muchos los litigios que la Generalitat y el Gobierno central mantienen abiertos en espera que resuelva el Tribunal Constitucional. Sin embargo, el Alto Tribunal tiene congelados todos los asuntos en tanto siga vigente el artículo 155 por una lógica de derecho a la defensa.    
El desacierto final ha sido escenificar un traslado por la fuerza en plena campaña electoral. Por si no hubiera suficientes situaciones anómalas en la actual convocatoria, sólo han faltado las imágenes de la Guardia Civil entrando en el Museu de Lleida y los Mossos d’Esquadra repartiendo estopa entre los concentrados para protestar por la actuación policial. El traslado de estas obras tiene un limitado peso cultural y artístico, pero un elevado valor simbólico sobre todo en estos momentos. Ni una mano negra podría obrar con tanta perversidad.

 

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