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Nacionalismos

La última encuesta de Euskadi también da una mayoría relativa a los secesionistas
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El troceado mapa de Europa se parece más al de hace 100 años que al de 1945, después de haberse padecido dos guerras mundiales propiciadas por los nacionalismos.

En el vaivén de la historia, volvemos ahora hacia los particularismos étnicos y geográficos: así, proliferan en Europa los partidos euroescépticos, xenófobos y extremistas de toda laya.

En España la cosa no va necesariamente de violencia, con la excepción que todos conocemos, pero el nacionalismo avanza a pasos agigantados. Hace pocos años, en Cataluña casi nadie se sentía extraño o incómodo en el Estado español. Ahora, en cambio, sabemos lo que pasa con el 9-N, la estelada y las amenazas de declaración unilateral de independencia por parte de Junqueras y compañía.

La última encuesta de Euskadi también da una sorprendente mayoría relativa a los partidarios del secesionismo. Digo lo de sorprendente porque eso no sucedía en los años más sangrientos de ETA y, sobre todo, porque un País Vasco independiente estaría abocado a la bancarrota, muchísimo más que una Cataluña, autosuficiente en tantos aspectos.

De seguir las cosas así, con la catastrófica falta de autoestima de ser español, no quiero ni pensar en lo que puede pasar: hasta los nacionalistas canarios, por boca de su presidente autonómico, Paulino Rivero, han acusado al Estado central de “colonialista”, algo que no sucedía cuando el solitario terrorista Antonio Cubillo hace 50 años.

Abierto el melón separatista, como consecuencia de la crisis, la frustración, la financiación autonómica, la corrupción y hasta el contagio de unos a otros, menuda la que nos espera. Mientras el Gobierno de turno -y la oposición- no sean capaces de ilusionar al conjunto de la población ante una tarea colectiva, nuestro futuro puede ser más negro que una mina de antracita.

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