Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

Necesitamos una reforma constitucional pero no las que proponen los partidos actuales

Poca altura de miras. Es increíble que tengamos estos políticos que no están a la altura de esta sociedad. Hay que buscar una fórmula que permita a la sociedad civil liderar la acción política

Javier Pons

Whatsapp
Javier Pons

Javier Pons

El pasado jueves 25 escuchando en la SER a los responsables de la negociación entre el PSOE y Unidas Podemos Carmen Calvo y Pablo Echenique mi nivel de paciencia democrática llegó a su límite y decidí optar por un apagón informativo. El tono exaltado de ambos que no era más que la precuela de una mala serie y sencillamente no quise saber más hasta que en el transcurso de un almuerzo alguien comentó en la mesa el resultado de la votación de investidura:un fracaso. 

Yo diría que un fracaso colectivo aunque pongo a Pedro Sánchez en el primer puesto de los responsables ya que era el candidato y el que había conseguido más votos en las elecciones del pasado 28 de abril. Primero tuvo una ventana de 28 días hasta la celebración de las siguientes elecciones autonómicas en las que por cálculo y estrategia electoral estuvo de brazos cruzados esperando que la derecha no creciera demasiado y que Pablo Iglesias tuviera otro revés electoral que le diera fuerza al PSOE para negociar en mejores condiciones una investidura.Este retraso no se justifica pero se podría llegar a entender dentro del marco de negociación-manipulación al que nos tienen acostumbrados los partidos políticos a los ciudadanos. Pero es que después ha habido otros 85 días hábiles para negociar y ni el presidente en funciones ni su partido han hecho absolutamente nada incumpliendo gravemente sus obligaciones y desobedeciendo manifiestamente el mandato de sus electores. Tanto que se criticaba al expresidente Rajoy por su proverbial y (a veces sabia) inacción y resulta ahora que el «resistente» Sánchez ha superado a su némesis enmudeciendo y esperando en lo alto de su dorada atalaya que el resto del mundo se rindiera a sus pies por la ley natural. Su inquina personal por su socio natural y la desconfianza (que no digo que esté un poco justificada) no es presentable en un candidato a dirigir este país.
El segundo responsable por las expectativas de político con sentido de estado que había levantado equivocadamente es el líder de Ciudadanos Albert Rivera. En una carrera no se sabe hacia dónde decidió que la clave del sorpasso (que ha vuelto a fallarle) estaba en crear un cinturón sanitario «anti-Sánchez» y por extensión «anti-PSOE» haciendo difícil de salida cualquier hipótesis de gobierno de concentración constitucionalista que hubiera podido desarrollarse y que hubiera evitado depender de partidos más extremados o nacionalistas. Esta dificultad ha ido creciendo hasta convertirse en un hito imposible a medida que han pasado los días desde los famosos debates electorales en los que Rivera presentó la primera fase de su nueva personalidad: más cerca de la ultraderecha que del centro y barra libre para mentir e inventar falsas acusaciones que soportaran sus argumentos. Por ejemplo podríamos preguntarle al señor Rivera donde están esos acuerdos firmados con nocturnidad por los independentistas y Sánchez. Esta estrategia basada en la nada a la que ha arrastrado a su partido (donde ha habido alguna deserción) ha llegado a su cénit en sus discursos durante la sesión de investidura donde ha insultado a 7.480.755 españoles como supuestos miembros de «la banda» de Sánchez. Todo con un discurso lleno de insultos, mentiras y una actitud de superioridad moral que ya da risa.
El tercer responsable es sin duda Pablo Iglesias que después de haber demostrado su discutible compromiso con la izquierda  impidiendo que los partidos que la representan pudieran sumar en ciudades relevantes y simbólicas como Madrid, ha consumado por segunda vez un disparo al pie de la representación progresista de este país con una actuación que comenzó bien en la campaña electoral pero que se ha ido torciendo sin saber encauzar hacia un acuerdo con los socialistas. Su patética actuación en la sesión del pasado jueves desdibujó la decisión (llena de coraje político) de ponerse a un lado ante el veto explícito de Sánchez. Esa forma de poner por delante su condición de socio necesario y la discusión por sillones más que por programas acabó dejándole noqueado cuando la iniciativa la había llevado él. Veremos si rectifica aunque tanto él como el candidato socialista han dado una pobre lección que nos ha avergonzado y lo que es peor hastiado a la mayoría de votantes progresistas.

Las fuerzas nacionalistas (ERC y PNV) han sido en este caso las únicas que han mostrado altura de miras y un mensaje moderado que ha dejado descolocado a muchos pero que si ha sabido entender lo trascendental del momento y la necesidad de trabajar los acuerdos que nunca llegaron en tiempo y forma.

Es increíble para finalizar esta reflexión post investidura que tengamos estos políticos que no están a la altura de esta sociedad. Sánchez comenzó su primer discurso del lunes con una propuesta de reforma constitucional para evitar bloqueos. Para cuándo una reforma para abrir el sistema democrático a la sociedad civil y que podamos desprendernos de ese enorme lastre en el que han convertido los partidos políticos. 

Periodista. Javier Pons inició su carrera en Radio Reus. Ha sido director de “El Terrat”, director de TVE y CEO de Prisa Radio. Actualmente dirige la productora Globomedia (Mediapro).

Temas

Comentarios

Lea También