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No habrá indultos

Los partidos del Gobierno no entienden que la situación de esos presos ha sido caldo de cultivo para favorecer más votos independentistas

J.MOYA-ANGELER

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No habrá indultos a los condenados por el Supremo por cuestiones políticas, al menos momentáneamente, por mucho que se haya producido un cambio importante en Catalunya donde los electores independentistas ya son mayoría absoluta. Pese a ello, no deben esperarse ni estos ni otros cambios en la política del Gobierno de Sánchez porque tiempo tuvo para hacerlo cuando tenía mayor fuerza y no lo ha hecho, al contrario, una vez pasadas las elecciones al fiscal general le han faltado horas para rechazar cualquier solicitud de indulto. Política confirmada. Ni siquiera la táctica de la zanahoria y el palo. 

Los partidos del Gobierno no entienden que la situación de esos presos ha sido caldo de cultivo para favorecer más votos independentistas. Es decir, que ha influido en las elecciones pero no gracias a los independentistas, sino por culpa de un PSOE que no midió bien el eco de sus actitudes. No verlo o no querer verlo acentúa aún más la negación de cualquier intento diplomático de hablar sobre el tema. A unos y a otros les va bien que no haya diálogo, aunque de momento a quien le ha ido peor es a Pedro Sánchez al no conseguir formar mayoría en el Parlament. Además, si Puigdemont hubiera aceptado que ir con el PDeCAT a les elecciones, Illa ni siquiera tendría el consuelo de ser el candidato más votado. No habrá, pues, el diálogo que siempre promete Pedro Sánchez, porque también es probable que no sepa de qué hablar. Diálogo que no conduciría a nada, porque ni unos ni otros renunciarán a lo esencial de sus posturas (independencia los unos y Constitución intocable los otros) y por tanto no valdría la pena ni convocar esas conversaciones. Por otra parte, una vez derrotadas las aspiraciones de conseguir la presidencia de la Generalitat, el PSOE puede tener la tentación de pensar que hasta las próximas elecciones autonómicas puede prolongar la actual situación de parálisis en la relación Estado-Catalunya. Una idea desacertada que, como se acaba de comprobar, no permitiría a Illa abrirse camino entre el electorado catalán, porque se ha demostrado que el independentismo es una roca sólida que además se crece en la adversidad.
Tampoco podemos cavilar que el bloque constitucionalista (PSOE, PP y Ciudadanos) pueda creer que ha colocado una pica en Flandes al ganar el PSOE, en votos, estas elecciones. También las ganó Ciudadanos hace tres años y no le sirvió de casi nada. 

No habrá, pues, el diálogo que siempre promete Pedro Sánchez, porque también es probable que no sepa de qué hablar. Diálogo que no conduciría a nada, porque ni unos ni otros renunciarán a lo esencial de sus posturas 

Una prueba de lo mal que el bloque constitucionalista digirió el resultado electoral, a mi entender, fue pensar que para restar impacto al resultado de las elecciones, iba a ser útil lanzar la falsa noticia de que Juan Carlos I estaba gravemente enfermo, tratando así de distraer al personal. Esta fake new podría ir dirigida a evitar que, a la vista de los resultados, algunos ciudadanos se dedicaran a pensar durante algunos minutos que «el problema catalán» sigue como siempre, sin que nadie no sólo no lo solucione, sino que ni siquiera se haya puesto hilo a la aguja en el ánimo para resolverlo.

Un último aspecto de la resaca electoral es lo que llamaríamos «La Catalunya de las Tentaciones» o la teórica posibilidad de que la CUP y ERC se sientan tentados por el PSOE y pasen a apoyar un gobierno plural con Illa al frente. Ya rondó Junqueras una extraña amistad con el PP a través de Sáenz de Santamaría, así que matrimonios contra natura más aberrantes se han visto y siempre hay una excusa a mano del tipo «las condiciones han cambiado. No olvidemos que el menos independentista de la coalición catalanista es Esquerra Republicana, aunque aparente todo lo contrario. Pero entre una coalición con Junts y CUP que le den la presidencia y otra coalición con PSOE y Podemos sin tener la presidencia, la elección parece clara: mejor la presidencia, sea con quien sea. Con o sin presos en la calle. 

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