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No hay secreto

Los mejores secretos siguen siendo los que se cuentan en voz baja, pero los oyen todos
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La llamada a la unidad en la junta directiva del PP va a terminar por hacernos simpático a Rajoy, lo que es un imposible metafísico.

Está rodeado de cotillas, también llamados chivatos. Es muy difícil tener al lado a hombres de absoluta confianza, pero tampoco es fácil tener a mujeres, aunque esté estadísticamente demostrado que ellas son más discretas. La palabra discreta era en tiempos pasados un sinónimo de inteligencia. Santa Teresa de Jesús escribe: «Tres cosas ha dicho de mi, la primera que era bella, la segunda que era discreta y la tercera que soy santa. Las dos primeras hubo un tiempo en que las creí». No pueden asegurar lo mismo las dos agradables mujeres de confianza del presidente. No es que se lleven mal, es que no se llevan. Ambas mantienen eso que se llama una relación correcta, o sea, más bien fría, tirando a gélida.

Todos los cercanos al avispero político aseguran que no hay sintonía entre ellas y el patinazo electoral del 22-M ha venido a agravar las cosas. Doña María Dolores de Cospedal sufre el acoso del acreditado golfante señor Bárcenas, que no sólo quiere morir matando, sino quedar con vida para disfrutar de su mal ganada fortuna. Por su parte, doña Soraya Sáenz de Santamaría insiste en no intervenir en asuntos de partido, ya que bastante tiene con dirigir la maquinaria del Gobierno. Las mujeres son la mitad del cielo, pero a veces habitan sus infiernos particulares. ¿Quién o quiénes han enturbiado unas relaciones que nunca estuvieron claras? Algunos politólogos, con mucho tiempo libre, apuntan al señor Javier Arenas, que no tienen la menor idea de cuando debe desaparecer. Los mejores secretos siguen siendo los que se cuentan en voz baja, pero los oyen todos. Hay algunos tan espectaculares que no vale la pena callarse para llevárselos a la tumba, sin tener en cuenta que las paredes oyen, aunque sean las tapias de los cementerio donde se pasean sigilosamente los mejores caracoles.

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