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«No me parece un trabajo digno para mí»

Álex Saldaña

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Álex Saldaña

Álex Saldaña

Iba ayer rumbo al trabajo cuando al pasar por una terraza escuché una conversación que me hizo reducir la marcha y pegar la oreja con todo el disimulo de que fui capaz –sí, lo confieso, soy un poco cotilla–.

Sentados a una mesa, con un par de cafés de por medio, dos hombres de unos 35 años hablaban de la situación económica general y de la suya en particular. Al parecer, uno de ellos había perdido su empleo y tenía posibilidades de trabajar en el bar de un amigo como camarero.

«Pero no sé, no me parece un trabajo digno para mí», dijo. Me llamó la atención esa frase.

Desconozco qué considera este señor un trabajo digno. Yo creía que si de algo había servido esta crisis que aún estamos padeciendo era, entre otras muchas cosas, para reivindicar y poner en valor la labor que realizan miles de personas cuyos empleos, a menudo infravalorados, se han evidenciado como imprescindibles para que la vida fluya.

Hablo de camareros, sí, pero también de barrenderos y trabajadores de la limpieza, de cajeras y reponedores de supermercado, de camioneros, empleados de funerarias y enterradores, gasolineros, panaderos y tenderos, agricultores y ganaderos y un largo etcétera que no cabría en este breve espacio.

Porque no hay trabajo indigno; la dignidad –y la indignidad– está en quien lo realiza y en cómo lo realiza.

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