No se puede ser mala persona y buen profesional, o tal vez hay una tercera vía

A veces buenos, otras francamente corruptos. Cabe otra posibilidad y es que, en la biografía de presidentes, presidents y hasta alguna testa coronada haya habido un tiempo para el bien y otro para el mal

Lluís Amiguet

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Howard Gardner es el neurocientífico que descubrió las inteligencias múltiples. Hasta que desplegó su fascinante teoría en Harvard, millones de padres se angustiaban ante las notas de sus niños: «Suspenso en mates, suspenso en lengua, suspenso en ciencias…¿Pero para qué sirve este niño?»

Y resultaba al cabo de los años que el niño era un genio para el ballet; la cocina o el atletismo y bastante mediocre para lo demás. La pregunta elemental, siempre hay uno al inicio de cualquier gran teoría, para descubrir que tenemos desde la cuna aptitudes específicas se la hizo Gardner mismo al juzgar a los niños superdotados: «Ese niño es muy, pero que muy inteligente…Sí, pero ¿inteligente para qué?».

Y resulta que el niño era súperinteligente, sobre todo, para responder a los test de inteligencia.

Es la misma pregunta con que el primatólogo Franz de Waal respondía cuando le interrogaban sobre el grado de inteligencia de  los chimpancés:

-«¿Oiga, los chimpancés son inteligentes?»

-¿Inteligentes para qué? Respondía con sorna.

Y la misma que le hice a Ryszard Kapuscinski: ¿Se puede ser inteligente y malo? ¿Se puede ser buen periodista y mala persona? ¿Se puede ser buen primatólogo y mala persona?... ¿Se puede ser mala persona y buen profesional?

¿Se puede, en suma, ser un genio de la política, el periodismo o las finanzas siendo, al mismo tiempo, un caradura, un ladrón y un embustero?

Gardner afirmó sin pensárselo un segundo que era imposible: que la ciencia exige una dedicación que sólo se puede conseguir desde la generosidad y el amor al saber, esto es, a la Humanidad. Y Ryszard Kapucinsky, que dedicó su vida a recorrer esos países sobre los que no se gana dinero escribiendo, me respondió que la afición de mirar el mundo y explicarlo sin servidumbres estaba sólo al alcance de quienes querían contarlo desde la verdad, la humildad y la generosidad.

Ningún chorizo, en suma, dedica su existencia a escribir reportajes sobre los países más pobres de la tierra.

Pero yo les confieso que cada día al leer el Diari y escuchar y ver informativos -y esto incluye a los propios informadores- me pregunto cómo puede haber dirigentes, técnicos, empresarios, científicos o médicos -que también los hay con mucha jeta- tan capaces de parecer competentes profesionales siendo tan obviamente aprovechados.
Y entonces me doy cuenta de la trampa de la pregunta y de la respuesta: se puede ser un hábil profesional, sí, y muy mala persona; pero si eres bueno y no sólo hábil, lo eres para todo y para todos. Seguro que los ejemplos de unos y otros que podríamos citar en unos minutos ocuparían, desde la Biblia a la Champions, muchos gigas.

Sin embargo, cabe una tercera posibilidad y es que, en la biografía de presidentes, presidents y hasta alguna testa coronada haya habido un tiempo, como dice el Eclesiastés, para el bien y otro para el mal. Y que hoy cueste mucho, al verlos arrastrarse por las cloacas de la Historia tras haber mandado tanto sobre tanta gente durante tanto tiempo, juzgarlos con equidad.

Cuando lo intento, me doy cuenta de que fueron a veces hábiles, a veces incluso buenos, y otras, francamente corruptos. Y les confesaré que me cuesta mucho evitar que sus herencias falseadas, sus líos con Hacienda y sus frecuentes y probadas trolas no empañen la enorme contribución que sin duda hicieron -durante más de 38 años en Palacio o 22 en Palau- a lo que hoy somos… Aunque me temo que en lo bueno y en lo malo.

Periodista. Lluís Amiguet es autor y cocreador de ‘La Contra’de ‘La Vanguardia’ desde que se creó en enero de 1998. Comenzó a ejercer como periodista en el ‘Diari’ y en Ser Tarragona. Su último libro es  ‘Homo rebellis: Claves de la ciencia para la aventura de la vida’.

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