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No será un año para el sosiego

La herencia del 2014 convierte al 2015 en un año de múltiples convulsiones y riesgos. No será un período placentero en absoluto
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El 2014 ha sido un año convulso que nos deja toda su herencia por resolver. Por tanto, es de esperar que el 2015 sea todavía más apasionante, dicho sea en términos de aventurismo. Los innumerables casos de corrupción tendrán su lento peregrinar por las salas judiciales, con la esperanza de que no aparezcan nuevos episodios de los casos de la familia Pujol, de los ERE de Andalucía, del caso Nóos y de la imputación de la infanta Cristina, por no hablar del calvario bancario y de asuntos tan execrables como las tarjetas opacas de Caja Madrid. Pero sin duda, el principal terremoto se avecina en la política. El año que acaba de empezar será un intenso año electoral. Puede suceder que Artur Mas renuncie a anticipar los comicios autonómicos en Catalunya al no lograr la lista unitaria que pretende con ERC. Y puede también que Mariano Rajoy opte por la opción de prorrogar la legislatura para recoger los frutos electorales de una lenta mejora de la situación económica. En cualquier caso, aunque la fecha de la votación no coincida con el calendario del 2015, es indudable que todo el devenir de la gestión pública estará marcado por el período electoral. Casi nada. El proceso soberanista seguirá abierto de par en par; el sistema de partidos se ofrecerá cuestionado por la irrupción de Podemos, y los vientos internacionales soplarán también tormentosos y amenazantes para la leve recuperación económica. No será el 2015 un año para el sosiego.

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