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No votamos por razones sino por identidades. Cuestión de apellidos

La religión del pertenecer. No somos porque creemos sino por la comunidad a la que creemos pertenecer. Quienes se sienten muy catalanes creen que el corolario de esa pertenencia es votar independentista

Lluís Amiguet

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La Mirada. Por Lluís Amiguet: 'No somos porque creemos sino por la comunidad a la que creemos pertenecer'

La Mirada. Por Lluís Amiguet: 'No somos porque creemos sino por la comunidad a la que creemos pertenecer'

Hace 18 años que los catalanes votamos lo mismo. Bueno, no lo mismo exactamente, pero sí lo mismo respecto al eje independentismo/no independentismo. Algo menos de la mitad ha ido votando a partidos soberanistas que hoy son claramente independentistas y algo más de la mitad al resto. Como en comarcas los independentistas son clara mayoría, nuestra ley electoral que da más representatividad a los territorios menos poblados, hace que en el Parlament hoy haya más diputados independentistas que no independentistas, aunque hayan tenido menos votos.

Todo esto ya lo sabían seguramente ustedes, pero entonces ¿dónde está la noticia? Pues en eso. En que nada ha cambiado. Las encuestas siguen prediciendo para el 21-D exactamente lo mismo: mayoría en escaños para el independentismo y mayoría -muy justa- en votos para el no independentismo.

Pero, ¿cómo un terremoto político y económico como el que hemos vivido no ha cambiado el voto de una parte, aunque sea mínima, del electorado? Pues porque los catalanes hace ya más de veinte años que no votamos por razones, sino por identidades. Echen un vistazo a las listas electorales de los partidos -que no hacen sino constatar la importancia de llamarse Ernest o Ernesto- y confirmarán conmigo lo que les digo: en el PDCAT, o lista de Puigdemont, 9 de cada 10 candidatos tienen dos apellidos catalanes; en ERC son 8 de cada diez (Rufián sería una destacada excepción); y en la CUP, también 8 sobre 10. En los Comunes de Domènech-Colau tal vez el sesgo se note menos, pero los primeros cinco de la lista son apellidos catalanes, que también dominan, aunque no son hegemónicos, en el PSC. Entre los no independentistas se repite esta tesis de los apellidos, pero al revés. En Ciutadans y el PP los apellidos originarios de otras áreas del estado (y hoy del todo catalanes si sus portadores así lo consideran) son, de forma simétrica, también dominantes.

Uno no cambia así como así

Y esa es la explicación, queridos lectores, de que ese eje independentista-no independentista lleve veinte años sin moverse en este atribulado país. Los catalanes no votamos por razones, sino por identidades y uno no cambia de apellidos y de identidad así como así de una convocatoria electoral a otra. Dentro de cada campo, en cambio, sí que hay transferencias de voto entre partidos y de unas elecciones a otras, ERC, por ejemplo, va arrebatando votos al rebautizado PDCAT, del mismo modo que entre los no independentistas hay trasvases de voto del PSC a los Comunes -o al revés- y entre el PP y Ciudadanos -o viceversa-, pero esas cesiones son inexistentes entre los dos grandes bloques.

Charles Taylor, el filósofo canadiense de las identidades, me explicó este fenómeno del voto identitario, que se repitió en el Quebec, como una manifestación de la religión del pertenecer frente a la del creer. Las personas no somos, porque creemos sino, sobre todo, por la comunidad a la que creemos pertenecer. No es creer en la santísima trinidad lo que hace católicos a quienes lo son; sino el hecho de creer pertenecer a una familia, comunidad, país… Que es católica. 

En el caso del independentismo o no independentismo nos está pasando igual: votamos por la comunidad a la que pertenecemos o a la que creemos -y eso sí que es una cuestión de fe personal- pertenecer. Quienes se sienten muy catalanes creen que el lógico corolario de esa pertenencia es votar independentisa. Y viceversa. 

No somos los únicos que sufren esa dicotomía: se observaba en Irlanda del Norte, Quebec, los flamencos, los corsos, los escoceses…Sólo el respeto a la identidad de los demás y la profunda fe en la razón puede evitar que convirtamos nuestro origen en nuestro destino.
 

Periodista. Lluís Amiguet escribe La Contra de La Vanguardia desde que se creó, en enero de 1998. Nacido en Tarragona, comenzó a ejercer como periodista en el Diari y en Ser Tarragona.

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